Archivo mensual: abril 2013

¿HAY UNA DIETA PARA PODER SER MÁS FELIZ?



alimentos-organicosHay evidencias que desde siempre nos han acompañado. Como que el buen humor y el bienestar inciden en la salud; que el consumo de chocolate pueda influir en los diferentes estados de ánimo (sobradamente conocido y experimentado por la mayoría de los humanos), que hay alimentos que son afrodisíacos y otros estimulantes de la memoria, otros del vigor físico, otros de la paz espiritual o del rendimiento intelectual o de la alegría de vivir.  En fin, que hay una estrecha relación entre los alimentos que tomamos y lo que los mismos provocan en nuestro organismo. Por eso afirmó Hipócrates de Cos  (460 a.c al 370 a.c.), considerado como el padre de la medicina,  
que “el alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. 

Lo realmente interesante es que si escogemos los alimentos adecuados y los ingredientes que necesitamos, podemos iniciar una alimentación que sirva de medio para lograr la felicidad. Esto es lo que promueven los chefs que trabajan en el movimiento ‘Mood Food’, con fuerte arraigo en Estados Unidos y Japón, en cuyo estudio de los componentes de los alimentos han podido determinar cuáles inducen al ser humano a un estado de buen humor, clave para la salud. Esto podría ser considerado por algunos como una tontería o incluso falsa ciencia. Pero a mediados de los ochenta, científicos del Instituto Tecnológico de Massachusets (EE. UU.) ya  demostraron que un puñado de cerezas es mejor que cualquier medicamento antidepresivo, por sus nutrientes.Frutas

La ventaja es que todo el mundo puede seguir una cierta dieta para la felicidad, salvo que se tenga alguna intolerancia o alergia a un alimento concreto, que puede sustituirse por otro del amplio abanico que se suele proponer.

Conocer cómo funciona nuestro organismo en relación con los alimentos que tomamos es algo sobradamente oído. ¿Quién no se ha hecho a fecha de hoy un test de intolerancia alimenticia? ¿Quién no ha leído acerca de evitar ciertas combinaciones de alimentos por las consecuencias negativas que pueden tener para nuestro bienestar? Pero debemos ir un poco más allá. Aunque no estaría de más que aplicáramos lo poco o mucho que sabemos. Porque no es la primera vez que actuamos teniendo el conocimiento de las cosas, pero sin hacerles el debido caso.

Por eso es bueno que sepamos que hay alimentos que influyen en nuestro estado de ánimo, que pueden ayudarnos a controlar la ansiedad y el estrés en determinadas situaciones o que pueden evitar la melancolía e, incluso, apartarnos de caer en una depresión. Conocer estas cosas puede resultarnos relativamente fácil. Lo difícil va a ser vencer las costumbres tradicionales, cambiar los hábitos adquiridos e iniciar nuevas conductas que nos aporten mayor bienestar, salud, energía y felicidad.

Hace tiempo que se viene hablando de ciertos neurotransmisores como la serotonina, que incrementa los niveles de tolerancia al dolor, reduce la irritabilidad y mejora la cantidad y calidad del sueño. También de las endorfinas, la dopamina y la noradrenalina como coadyuvantes positivos en nuestro estado de ánimo.  También hemos oído hablar de los efectos negativos de las catecolaminas, presentes en excitantes como el té, el café, los destilados, las carnes rojas o los quesos muy curados que, si bien inducen a la excitación, también se asocian al nerviosismo.

Ahora se sabe también que entre los nutrientes y principios activos que promueven la felicidad están el triptófano y la teobromina, que se encuentran solamente en productos como el guaraná y en el chocolate. Que en los llamados alimentos que favorecen la felicidad se incluyen el aceite de oliva, el aguacate, el ajo, los albaricoques secos, las almejas y legumbres (especialmente el garbanzo), el arroz y los cereales integrales, los frutos secos (nueces, almendras), frutas como el plátano, la piña, la fresa y la manzana, el bacalao, la sardina, los mariscos, el hígado de ternera, la lechuga, el brécol (variedad de la col), las espinacas, los champiñones, el jamón, la levadura de cerveza, las carnes magras que no sean rojas, los dátiles, la miel, los chiles y el pimiento y, cómo no, el irresistible chocolate negro. Hasta el vino, con moderación, claro.

Se nos advierte, con razón, que es importante consumir estos productos en temporada, cuando están plenos de sabor y nutrientes y que la tendencia sugiere reducir las proteínas animales y apostar en su lugar por las legumbres,  volviendo a cocinar, evitando los precocinados y todos aquellos alimentos con tantos estabilizantes, edulcorantes, aromatizantes y tantos “antes” que nos abruman, sin añadir, además, la enorme familia de los llamados transgénicos.

Vamos, que leyendo uno estas cosas no puede, por menos, que recurrir a su sentido común y pensar que “esto ya me lo decían mis abuelos y mis padres”. Lo de comer sano, del huerto, variado y que “de grandes cenas están las sepulturas llenas” para recordarnos que el abuso no es bueno y menos por las noches antes de irse a dormir. Está claro que en el tema de la alimentación se ha escrito y se seguirá escribiendo mucho. Pero qué curioso que en todas la religiones siempre se ha hablado de la importancia del ayuno. Y de tomar alimentos de calidad, aquellos cuya procedencia conozcamos. Que de “tomar frutas y verduras no tengamos dudas”; que más vale quedarse con hambre que saciados. Y que, más importante que el propio alimento es el agua, de la que hablaremos otro día. Y más importante que el agua, la forma en que respiramos, de lo que nos ocuparemos también en otra ocasión. Me viene a la mente mi último encuentro con mi maestro (así lo considero en muchos aspectos) Fernando Moreno, el cual añadió a mi lista de las únicas 3 cosas que realmente necesitamos (1. respirar 2. agua y 3. alimentos) otras 3 cosas importantes: 4. Ejercicio físico 5. Meditación 6. Sexualidad equilibrada.  Lo que viene a recordarnos la importancia de los alimentos en nuestras vidas.

Por eso he querido insistir en este tema, al que ya le dediqué otro artículo recién terminadas las vacaciones de navidad, para que reflexionáramos sobre los abusos y excesos en la comida y sus consecuencias. Pero hoy quería enfatizar en cómo nuestra alimentación si es adecuada, equilibrada, natural, proporcionada, compatible con nuestro organismo y sus tolerancias, puede ayudarnos de forma muy notoria a sentirnos más felices. Y si no, que nos digan cómo se sienten aquellos que han comido copiosamente y se sienten pesados y de mal humor por haberse excedido, o los que sufren los efectos de intolerancias gástricas, problemas de flatulencias, acidez estomacal, llegando incluso a los vómitos o las diarreas como efectos colaterales. ¿Creen que esas personas pueden oír hablar en esos momentos de “felicidad”?

Y luego pregunten cómo se siente una persona recién terminado su ayuno voluntario de uno o varios días. ¿Cómo es posible que uno se sienta débil físicamente, pero más fuerte y lúcido mentalmente que nunca y con una sensación de felicidad increíble? “Somos lo que comemos” y, por supuesto, también lo que bebemos, respiramos y, sobre todo, pensamos. Yo puedo asegurarles que después de mis 3 últimos días de ayuno completo me sentía pletórico de felicidad por haberlo logrado pero, sobre todo, por la sensación de limpieza de mi cuerpo y por saber que estaba permitiendo que mis canales sensoriales estuviesen más despiertos.

En fin, que no les descubro nada que no sepan ya: la importancia de los alimentos para contribuir a nuestro bienestar. Pueden documentarse más, si lo desean, a través de la mucha información que sobre el tema existe y se está publicando. Pero un consejo último, si me lo permiten: en ésto, como en todo, apliquen la ACCIÓN. Es decir, hagan algo con lo que ya saben o aprendan. No se queden sólo con la teoría. Porque más vale un gramo de acción que una tonelada de teoría.

Con gratitud

Tomás Contell

 

 

MI FELICIDAD CON TONY ROBBINS

Tony RobbinsHoy en día nos encontramos con una gran proliferación de “formadores” que venden sus “enseñanzas”, como lo hicieran en la etapa de Sócrates los sofistas, por un puñado de dinero al que mejor les pague, sin más pretensión que vivir de sus trucos o secretos, pero sin ser congruentes con lo que enseñan, pues no han hecho que su vida sea el ejemplo a transmitir, más que sus conocimientos y habilidades. Y digo formadores y no maestros, porque el formador enseña lo que “sabe”, pero el maestro enseña lo que “es”.

Al principio puede resultar un poco difícil reconocer a un formador de un maestro, pero les aseguro que a poco que pongan en marcha sus “antenas”, lo percibirán y lo diferenciarán. Y también sabrán que hay maestros en determinados aspectos y otros en otros, con lo que lo importante es reconocerles y aprender de ellos lo mejor que tienen. Yo mismo he leído a bastantes autores y he asistido a numerosos seminarios, y no podría hacer mis reflexiones personales sobre la felicidad si no hubiese “bebido” en esas fuentes. Yo les agradezco profundamente todo cuanto han escrito y, con el mayor de mis respetos, quiero hacer mi humilde reconocimiento a todos ellos mencionándoles en cuantas ocasiones pueda e invitando a quienes me lean a que acudan a las fuentes del conocimiento.

Pero eso sí, tómense la molestia de analizar si existe en la vida de esas personas la congruencia y el compromiso que se debe pedir a quienes han de predicar con el ejemplo. Porque cuando es así, aprendes mucho más y mejor. Y, como luego explicaré, sientes que su fuerza y energía te llega de una manera más limpia y profunda, produciendo en ti mismo los cambios que necesitas para empezar a ser más excelente en todo cuanto te propongas.

Así me pasó con Anthony Robbins, al que considero un gran maestro. Ahora entiendo por qué. Aunque siempre he podido y sabido enseñar, ha habido algo en mí que no me impulsaba a seguir mucho más adelante en este campo porque existían frenos, de los que ahora soy consciente, como mi temor de mostrarme como era realmente, con mis incongruencias y contradicciones, sabiendo que, siendo así, no podía dar lo mejor de mí porque “yo no me veía con la mejor imagen de mí mismo que podía y debía tener”. Pero ahora, sin ser en absoluto quien deseo ser todavía, siento que me encuentro por el buen camino y por eso he decidido dar un paso más allá en la dirección de mi maestría. Dejo en manos del lector la consideración  a la que llegue cuando lea y “escuche” este libro sobre cómo voy yendo por el camino que me he marcado. Tan sólo les pido que sean comprensivos con los errores que haya podido tener en mis explicaciones o comentarios, y que vean más allá de lo que escribo y canto, porque seguro que de esa forma podrán sacar mucho más provecho de todo. Como dijo Jesucristo, “por sus frutos les conoceréis”.

Y, sin embargo, a pesar de la negativa situación económica por la que atravesaba mi vida, precisamente en lo que a felicidad y paz interior se refería, me encontraba mucho mejor que en los últimos años. ¿Por qué? Pues se lo debía, en gran medida, a la apertura de mi mente y de mi corazón que se produjo al asistir a un seminario de  Anthony Robbins, “Unleash the Power Within” (Libera tu Poder Interior), donde no sólo tuve el placer de escucharle personalmente en mayo del 2012 en Londres, sino de poner en marcha muchos de sus consejos, principalmente en el tema de la salud.

Cuando asistí a este seminario venía arrastrando unos problemas en mi espalda que se habían convertido en crónicos, y algunas cefaleas para cuyo remedio se me remitía al neurólogo, al que evidentemente ya no he tenido que asistir. Venía arrastrando desde mi juventud (donde siempre se hacen esfuerzos físicos innecesarios con el único objetivo de mostrar la fuerza que uno posee sin saber los riesgos que ello conlleva) un pinzamiento entre la 5ª vértebra lumbar y la 1ª sacra. Me había creado no pocas crisis serias a lo largo de mi vida, por las que llegué incluso a ser hospitalizado en una ocasión hacia los 30 años en la que me dijeron que debía dejar de hacer deportes que comportaran problemas para mi espalda (tenis y correr entre otros, que eran los que practicaba) y cuidarme más, de lo contrario podría derivar en una hernia discal y tener que recurrir a una operación quirúrgica.

Como siempre he hecho caso a los médicos (¿?), al poco tiempo de recuperarme me inscribí en un gimnasio para hacer Taekwondo, consiguiendo mejorar mi rendimiento y fortalecer mi espalda con el entrenamiento. ¿Por qué será que nos gusta poner a prueba los consejos que nos dan los “expertos” en determinadas materias? ¿Será porque en nuestro interior más oscuro hay una voz que nos dice que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos o que nos impulsa a descubrir si esa “regla” también se da en nuestro caso a pesar de que ya se haya demostrado hasta la saciedad?

En fin, logré mejorar, como dije, mi forma física, pero poco a poco, con el paso del tiempo y de tener una vida un poco más sedentaria, los problemas regresaron y fueron en aumento conforme los malos hábitos de sedentarismo y falta de ejercicio específico se apoderaron de nuevo de mí. De nada me sirvió entonces acudir a especialistas que todo lo más que me recomendaron era que, si las molestias y en ocasiones dolores de espalda no remitían (pese a la medicación, masajes o ejercicios de rehabilitación) y no me permitían hacer una vida normal, tendría que recurrir, como ya me advirtieron, a la cirugía para corregir los efectos.

Recuerdo que, después de mi último año pasado en Moldavia (2011) por tener que atender mis inversiones realizadas en este país desde el 2005, a pesar de hacer ciertos ejercicios de yoga con periodicidad por las mañanas, no conseguía tener mi espalda en condiciones y siempre tenía que andar con cuidado para no terminar con un ataque de lumbago y tener que guardar reposo durante días hasta recuperarme, eso sí, después de un tratamiento con medicamentos específicos que siempre presentaban efectos secundarios.

Cuando asistí al seminario de Robbins, recuerdo que había momentos que me costaba levantarme con energía de la silla para hacer los ejercicios que proponía, pues tenía que hacerlo con cuidado y tardaba en tener la postura corporal erguida. ¿Pueden imaginarse lo que supone que Robbins diga con energía a más de 6.000 personas que se levanten de la silla y empiecen a saltar o bailar al son de la música y que vean a uno que se levanta por fases y va poco a poco consiguiendo erguirse hasta poder moverse con cierta facilidad? Pues ése era yo. Pero no se crean que era el único que tenía problemas, porque allí vi a personas en silla de ruedas, a invidentes y a muchos otros con sus dificultades a cuestas, que dejaban atrás sus situaciones personales para entrar de lleno en un nuevo mundo de sorpresas, como el de caminar por encima de brasas encendidas.

En cuanto a mis cefaleas, que no habían sido un problema en mi vida, se presentaron a raíz de un resfriado que me dejó sus secuelas. Acudí a un especialista pensando que eran provocadas por una sinusitis, y tras realizarme las pruebas pertinentes me diagnosticó que no tenía sinusitis y que debía acudir a un neurólogo para que estudiara con más profundidad las posibles causas. Evidentemente no lo hice, porque mientras lo pensaba y la administración sanitaria me buscaba la fecha para iniciar mi exploración (no sería la primera vez que te curas antes de que te visiten o… te mueres, claro), acudía al seminario de Robbins  y, ¡qué causalidad! (lo he escrito bien, no es un error), dejé de tener cefaleas esos días. Desde entonces, no sé en qué consisten esas molestias. Claro que allí hice, y ahora hago, cosas que antes no hacía. ¿Será por eso? Juzguen ustedes mismos.

(Extracto del libro “Aprende, canta y sé feliz” que puedes conseguir en formato digital y que en breve estará en formato papel)

Con gratitud

Tomás Contell

“SOBRE EL BIENESTAR INFANTIL Y LA FELICIDAD”

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) lleva a cabo su labor en más de 190 países y territorios para ayudar a los niños y las niñas a sobrevivir y avanzar en la vida desde la primera infancia hasta la adolescencia. Está financiado plenamente por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.

Su Oficina de Investigación ha presentado recientemente un estudio sobre el bienestar infantil en los países ricos, en el que se concluye que los Países Bajos y cuatro países nórdicos —Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— ocupan de nuevo los primeros puestos de una clasificación de bienestar infantil, mientras que cuatro países del sur de Europa —España, Grecia, Italia y Portugal— se encuentran en la mitad inferior de la tabla.

El “Report Card nº 11” bajo el título “Bienestar infantil en los países ricos: un panorama comparativo” de la Oficina de Investigación de UNICEF examina la situación de los niños en el mundo industrializado. El debate sobre las ventajas y desventajas de las medidas de austeridad y los recortes del gasto social continúa generando opiniones totalmente opuestas; en este contexto, se clasifica el desempeño de 29 de las economías avanzadas del mundo sobre 26 indicadores comparables en el plano internacional.

Según el informe, esta comparación internacional demuestra que la pobreza infantil en estos países no es inevitable, sino sensible a las políticas, y que determinados países protegen mucho mejor que otros a los niños más vulnerables. La clasificación general de cada país se basa en su clasificación media para las cinco dimensiones de bienestar infantil que se han contemplado en el Report Card nº 11: “bienestar material, salud y seguridad, educación, conductas y riesgos, y vivienda y medio ambiente”.

Algunas de las conclusiones más interesantes son las siguientes:
• Los Países Bajos mantienen su posición como líder indiscutible; se trata del único país clasificado entre los cinco primeros en todas las dimensiones del bienestar infantil.
• En general, no parece haber una estrecha relación entre el PIB per cápita y el bienestar general infantil. La República Checa está mejor clasificada que Austria; Eslovenia, mejor que Canadá; y Portugal, mejor que Estados Unidos.
• Cuatro países nórdicos (Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) se sitúan justo por debajo de los Países Bajos en la parte superior de la tabla del bienestar infantil.
• Las últimas cuatro posiciones de la tabla las ocupan tres de los países más pobres del estudio (Letonia, Lituania y Rumanía) y uno de los más ricos (Estados Unidos).
• Cuatro países del sur de Europa (España, Grecia, Italia y Portugal) se encuentran en la mitad inferior de la tabla.
• Se ven indicios de que los países de Europa central y oriental están comenzando a acortar distancias con las economías industriales más consolidadas.

Gordon Alexander, director de la Oficina de Investigación de UNICEF explicó que “tanto en la actualidad marcada por la crisis, como en mejores épocas desde el punto de vista económico, UNICEF insta a los gobiernos y a los interlocutores sociales a que los niños y jóvenes sean el centro de sus procesos de toma de decisiones. Cada vez que estudian o aprueban una nueva medida política, los gobiernos deben analizar el impacto y las consecuencias reales para los niños, las familias con hijos, los adolescentes y los jóvenes adultos. Estos grupos no participan en el proceso político o sus voces rara vez son escuchadas”.

El Report Card nº 11 incluye también las opiniones de los niños sobre su propio bienestar. Consta de dos tablas clasificatorias: «Relaciones de los niños con los padres y compañeros» y «Tabla clasificatoria de la satisfacción vital de los niños». La primera evalúa el bienestar de acuerdo con la calidad de las relaciones más importantes en la vida del niño (madre, padre, compañeros). La segunda ofrece un panorama del bienestar subjetivo infantil y muestra el porcentaje de niños de 11, 13 y 15 años que valoran su satisfacción con la vida con una puntuación de 6 o más en una escala de 0 a 10 (donde «0» representa «la peor vida posible para mí» y «10» representa «la mejor vida posible para mí»).

Sus conclusiones reflejan que los niños de España, Estonia y Grecia otorgaron a sus países una clasificación mucho más alta, mientras que los de Alemania, Luxemburgo y Polonia puntuaron peor a los suyos. “No sabemos lo suficiente sobre el modo en que los niños perciben y evalúan sus vidas, debemos averiguar qué es importante para ellos, y hacerlo de un modo más sistemático”, declaró Gordon Alexander, de UNICEF. “La voz de los niños, incluso la de los más pequeños, es fundamental”. Reitera el mensaje de éste y otros informes sobre el bienestar de la infancia: “los gobiernos deben orientar sus políticas para proteger el futuro a largo plazo de sus niños y economías. Hoy, más que nunca, se trata de una cuestión apremiante”.

Estas conclusiones muestran una seria preocupación por el bienestar de los niños y adolescentes y que este tipo de investigaciones son muy importantes por cuanto ofrecen líneas de reflexión para llevar a cabo políticas que afecten a la vida de los niños. Porque es necesario saber lo que sienten los niños de primera fuente para poder tomar decisiones que les afecten sabiendo lo que piensan realmente. Por eso, uno echa en falta estudios más completos y referidos a nuestro país, para poder tener una visión clara de cómo deberíamos invertir más y mejor en nuestra infancia, que son el verdadero motor de futuro de nuestro país.

No voy a insistir, porque ya se escribe demasiado sobre ello, acerca de los recortes en educación e investigación y sus consecuencias. Pero pensemos, como yo lo he hecho al ver la foto del hijo de mi amigo , que con la felicidad y el bienestar de nuestros hijos no podemos ni debemos jugar. Porque son nuestro futuro. Porque nuestro compromiso como seres humanos consiste en dejarles este mundo mejor de lo que nos lo hemos encontrado. Y si no lo hacemos, nuestra felicidad y la de ellos se verá seriamente dañada. ¿No nos sentimos conmovidos cuando vemos que ellos se siente felices con el sólo hecho de saberse en buenas manos, la de sus padres que son los que más les quieren?

Pues no les defraudemos.

Con gratitud

Tomás Contell

¿TENDRÉ QUE ESPERAR A SER MAYOR PARA SER FELIZ?

Felicidad

Comento en esta ocasión, un estudio que analizó los factores que influyen en el bienestar de las personas y encontró que tiende a crecer con el tiempo y varía con cada generación.

Recientemente se ha publicado una información obtenida a través de dos amplios trabajos: el Estudio Longitudinal de Envejecimiento de Baltimore realizado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIH en inglés) y la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC en inglés), en Estados Unidos.

Quien ha publicado la información ha sido la revista” Psychological Science” de la Asociación para la Ciencia Psicológica (APS en inglés), afirmando que “los sentimientos de bienestar aumentan a medida que la persona va envejeciendo y que el nivel de satisfacción varía de acuerdo a la época en que nació”.

Siempre se ha considerado que el equilibrio emocional, las buenas relaciones interpersonales, la buena salud, el  amor pleno y sincero, el éxito profesional, la abundancia y riqueza, la  paz y la tranquilidad,  el bienestar y el confort eran factores que determinaban la calidad de vida de una persona y, en definitiva su “felicidad”. Así se ha venido reconociendo tras numerosas investigaciones científicas y libros de psicología.

Sin embargo, hasta el estudio reciente al que hacemos referencia, no quedaba tan claro si realmente todas esas emociones y estados anímicos cambiaban  con los años a mejor o peor. Siempre se ha dicho que la etapa más feliz del ser humano es la infancia. Pero igual no todos los niños piensan lo mismo, ni tampoco los adultos cuando repasan cómo fue su infancia. Ahora parece ser que la felicidad viene a estar relacionada con una serie de emociones que, con el transcurso de la edad, podemos controlar y aumentar, logrando así el estado de felicidad deseado.

Los autores de la investigación concluyeron esto después de revisar 10.000 informes sobre el bienestar y el estado de salud de personas mayores de 30 años.  Una vez el grupo de científicos finalizó el análisis de los datos de los participantes, evidenció que los adultos mayores tenían bajo nivel de satisfacción en comparación a los de mediana edad y los más jóvenes. Sin embargo, volvieron a analizar la misma información teniendo en cuenta la época en que había nacido cada uno de los encuestados y encontraron otra tendencia: el nivel de bienestar aumentó periódicamente a lo largo de sus vidas. Esto se mantuvo incluso después de separar factores particulares como el sexo, la raza, el nivel de educación y el estado de salud de cada uno.

La psicóloga de la Universidad del Estado de la Florida Angelina R. Sutin, coautora del estudio, y sus colegas encontraron que quienes nacieron entre 1885 y 1925 registraron bajos índices de satisfacción en sus primeros años de vida en comparación con quienes nacieron un siglo después. La conclusión que sacaron al ver esta tendencia es que la prosperidad económica y las mayores oportunidades de estudio que hubo en la segunda mitad del siglo XX favorecieron a las nuevas generaciones para sentir mayor bienestar.

No obstante, los autores del trabajo señalaron que esta condición puede verse afectada en el futuro debido a que la generación de jóvenes adultos de la actualidad tiene el desafío de enfrentarse a los altos niveles de desempleo y a una sobrecarga laboral. Normal, ¿no lo ven así de claro todos ustedes? Además, la crisis económica que azota al mundo desde 2008 y que aún sigue causando estragos, está incidiendo negativamente en los niveles de felicidad y su tendencia parece crecer periódicamente.

Ante esta realidad, uno se pregunta cómo se puede hacer frente a tal situación si no se cuenta con un cierto apoyo externo como venía siendo habitual (trabajo, prestaciones sociales, sanidad pública, educación gratuita, etc.) que ahora están en crisis.

Vienen a mi mente recuerdos de mi infancia donde mis padres siempre comentaban lo mal que lo pasaron en la guerra civil y también en la postguerra. Si vivieran ahora me parecería estar oyéndoles decir que más mal se pasó en aquella época y, sin embargo, la gente sabía ser feliz con poco o casi nada. Me intriga ese recuerdo. Pero a poco que reflexiono sobre ello, descubro que lo que la gente tenía, frente a la actual situación, era un concepto de solidaridad, de compartir la escasez, de ayuda y apoyo mutuo que hoy en día se ve poco. Con tanta proliferación como hemos tenido de valores como el individualismo a ultranza, el egoísmo mal entendido, la competitividad en lugar de la cooperación, y los modelos que se nos habían vendido como ejemplares que están siendo denunciados como corruptos, prevaricadores, e inmorales, no es de extrañar que estemos en crisis y no veamos la luz para alcanzar la felicidad ante tanta negatividad.

Tiene uno que empezar a mirar a su interior, a limpiar su pasado aprendiendo de él y dejándolo atrás, a vivir con dignidad su presente y a no dedicar al futuro más que lo que el presente le demanda y descubrir en el proceso que, como decía Confuccio (filósofo chino del 551 a.c. al 578 a.c) “quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes deberá acomodarse a frecuentes cambios”.  ¡Y vaya que estamos viviendo cambios! Sin embargo, es curioso que las personas que, en principio, son menos dadas al cambio como es el caso de las personas mayores, sean, junto con los niños, los más propensos a ser felices.

Como ya no podemos volver a ser niños, nos queda el consuelo de saber que, según nos vamos haciendo mayores, la felicidad puede estar de nuevo a nuestro alcance. ¿Será por eso que decía Jesús que sólo podemos entrar en el reino de los cielos si nos hacemos como los niños? ¿Era una forma de decirnos que la felicidad podemos alcanzarla si aprendemos a vivir como ellos? Y todo el mundo sabe que los que mejor se llevan con los niños son los más mayores. ¿Curioso, verdad?

Con gratitud

Tomás Contell

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