Archivo mensual: julio 2013

“SOBRE LAS RUTINAS Y OTRAS ACCIONES”

Libros2Desde la ventana de mi despacho veo pasar todos los días a muchas personas que vienen o van a muy diversos lugares. Son personas de todo tipo. Los hay jóvenes estudiantes que van a sus clases en la universidad. Hay mujeres que todos los días se dirigen a tomar su desayuno al horno/pastelería de la esquina, en pequeños grupos, que luego se detienen junto al ventanal de mi casa y apuran su cigarrillo después de haberse tomado su café matutino. Están los que acuden monótonamente a su cita con el trabajo por cuenta ajena. Están los de los talleres mecánicos, autónomos, que como los relojes de la iglesia acuden puntuales por la mañana a abrir sus talleres y más tarde a sus almuerzos, abriendo y cerrando sus comercios con igual  exactitud.

A lo largo del tiempo que llevo viviendo aquí siempre me he preguntado qué pasará por las mentes de esas personas en cuanto a lo que les motiva día a día para llevar a cabo sus rutinas. Si realmente tienen una motivación importante, si sienten pasión por lo que hacen o se mueven como meros autómatas empujados por la fuerza de la costumbre sin más preocupación que la de cumplir con sus obligaciones sin plantearse si son las adecuadas o podrían mejorarlas o, incluso, cambiarlas.

He leído y escuchado a muchos autores decir que nuestros hábitos nos definen, que nuestras rutinas nos determinan y que al final somos esclavos de lo que nosotros mismos hemos creado, para bien o para mal. Y cuando digo “creado” lo digo pensando tanto en lo referente a lo que creamos con nuestros pensamientos como a lo que creamos con nuestras emociones y acciones.

Mi maestro Fernando Moreno me ha transmitido una frase que me repito todos los días en los ejercicios que diariamente hago para fortalecer mi carácter: “siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás tu destino”. Sabias palabras que vienen a expresar que aunque a veces no seamos conscientes de ello, estamos cosechando nuestro destino a través de nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Lo primero que deberíamos vigilar en nuestra vida, cada mañana nada más levantarnos, son nuestros propios pensamientos respecto de lo que esperamos de cada día, respecto de si nos consideramos capaces o no de alcanzar ciertas metas, de si vale la pena o no esforzarnos por lograr nuestros sueños, etc. Porque a partir de ahí se inicia un proceso sumamente importante, que son las emociones, positivas o negativas que nos empujarán a la acción o nos retendrán en la zona cómoda para no arriesgarnos a fracasar.

Me sorprendió la primera vez que oí a Tony Robbins afirmar que, si conoce de una persona cuáles son sus rutinas diarias, podría afirmar qué clase de persona tiene delante y qué puede alcanzar esa persona en su vida. Me pareció exagerado, la verdad, pese a que ya había leído a Ogg Mandino afirmar que lo único que diferencia a las personas de éxito de las que se sienten fracasadas son sus hábitos. Porque las personas de éxito tienen hábitos positivos y las que fracasan tienen hábitos negativos.

La distinción entre unos y otros parece obvia como su nombre indica. Pero a poco que te pones a preguntar a las personas si consideran que ciertos hábitos que tienen son positivos o negativos, es decir, les ayudan a mejorar su salud, su bienestar, su felicidad, a ganar dinero, a tener más y mejores amigos, a mejorar sus relaciones de pareja, o las que tienen con sus padres o familiares, etc. etc., o les perjudica, descubres que no todos están de acuerdo en lo que se califica como positivo o negativo.

La tendencia de la mayoría de las personas es a considerar que ciertas cosas no son tan importantes para el resultado final que se busca, sin saber que “todo cuenta”, que al final, la ley de causa y efecto, funciona siempre y para todo. No vale, por mucho que nos queramos autoengañar, decirnos que no pasa nada porque nos permitamos ciertas “licencias” en los hábitos diarios. Porque al final, esas licencias diarias que nos damos se acaban convirtiendo en hábitos negativos que no nos permitirán mejorar.

Podría referirme al fumar, al beber, al no hacer ejercicios físicos, a no cuidar la alimentación, a no cuidar nuestros pensamientos diarios, a no trabajar en una dirección adecuada elegida para nuestra vida y a tantas cosas que al final, como muchos dicen, uno se acaba sintiendo agobiado si se para a pensar todos los días si lo que hace le ayuda a mejor o no.

Pero es lo que hay. Si queremos resultados buenos en nuestra vida, deberemos hacer cosas en esa dirección. No podemos esperar que las cosas cambien o mejoren por sí mismas sin hacer nada por nuestra parte. Y lo que tengamos que hacer, que sea algo más que comprar un décimo de lotería para ver si nos toca (el colmo, como dice el chiste, es esperar que nos toque la lotería y no comprar ni un décimo).

Pero en la práctica lo hacemos peor todavía, pues queremos que nuestra vida mejore y no “compramos” ni una sola participación para que en el sorteo de las cosas buenas que nos deban pasar nos pueda tocar algo por “casualidad”. Pero, la casualidad no existe, existe sólo la “causalidad”, lo que yo hago que es causa de que ciertos efectos se produzcan.

Por eso es tan importante prestar atención a nuestras rutinas que acabarán convirtiéndose en hábitos positivos y éstos nos llevarán inexcusablemente a lograr el éxito en lo que busquemos. Porque al hacerlo de manera repetitiva, con fé, perseverantemente, con paciencia y aceptando que el resultado, sea el que sea, será bueno para nosotros, porque tarde o temprano entenderemos que así ha sido, conseguiremos que nuestros sueños se hagan realidad y mejorarán realmente nuestras vidas.

Amig@s, no hay otro camino. Porque lo demás es autoengañarnos y ver pasar los días sin que nada cambie, porque nosotros que somos la base del cambio, desde nuestros pensamientos, emociones y acciones, si nada hacemos para que cambie, nada va a cambiar. Y luego nos quejaremos.

Con gratitud

Tomás Contell

“HE VENIDO DEL FUTURO…”

Regreso al futuroCuando era pequeño recuerdo que mi padre solía repetirme en no pocas ocasiones una frase en valenciano que decía “no tens corretxa”. Su traducción literal es “no tienes cinturón”. Es una expresión que se utiliza mucho en valenciano para mostrarle a la persona que no tiene aguante, que no sabe encajar las adversidades de la vida o que simplemente no tiene paciencia.

Mi padre ya observaba en mí esa actitud impaciente ante las cosas que no salían como quería, que me contrariaban y hacían que apareciera en mí el mal humor, el enfado o hasta la rabia. No ha sido la paciencia una de las virtudes que  han adornado mi carácter en la vida si bien con el paso del tiempo he aprendido a controlar las adversidades y a sobreponerme con entereza a su presencia.

Siempre me ha impresionado reconocer la virtud de la paciencia en los demás. Pero me he sentido a veces un tanto contrariado con esta cualidad al verla manifestarse en personas concretas y situaciones específicas. Porque me resultaba chocante observar que la paciencia venía acompañada de un alto nivel de aparente falta de pasión, empuje, energía para la acción. Era como si notase que la persona paciente fuese hasta algo pusilánime.

Evidentemente he ido comprobando que nada tiene que ver la paciencia con la falta de pasión. Es más, creo que son dos caras de una misma moneda. No se puede ser paciente si no hay pasión que te empuja a alcanzar algo y que sabes que no puedes obtenerlo en el momento que deseas y debes aprender a hacer las cosas en una dirección concreta, con fé, sabiendo que al final alcanzarás tu objetivo si sabes esperar estando preparado y actuando de la manera correcta.

Creo que al ver que pasión y paciencia van tan unidas entiendo que del justo equilibrio de ambas puede vivirse la vida sabiendo que nada que realmente valga la pena lo vamos a obtener sin poner pasión en lo que hacemos, como tampoco nada nos va a llegar sin saber esperar pacientemente a que, lo que deseamos, nos llegue con el convencimiento pleno de que así será.

Si repaso las vidas de muchos científicos, personajes famosos por sus logros, bien sean deportistas famosos, políticos ilustres, escritores, músicos, etc. observo que en ellos siempre ha habido un denominador común a la hora de ver qué les llevó a alcanzar el éxito en sus vidas: pasión por lo que hacían y en lo que creían y paciencia unida a una perseverancia enorme en seguir por el camino que se habían marcado.

Claro que la perseverancia no es posible si no hay fé en lo que uno cree y hace. Y por supuesto que la fé viene del convencimiento de que lo que querían alcanzar, esa Visión que les empujaba a la acción era clara, poderosa y motivante. Pero todos ellos siempre han hecho referencia a que tuvieron que tener mucha paciencia para no abandonar cuando las cosas se ponían difíciles y seguir con fe hasta alcanzar sus objetivos.

Así, pues, la pasión nos empuja a la acción, pero la paciencia nos forja el carácter a través de aceptar las contrariedades del camino hacia nuestra meta sabiendo que sólo son obstáculos que nos ayudarán a poner a prueba nuestra fe y a permitirnos modelar nuestro sueño mejorando todo aquello que nos hará alcanzarlo  y disfrutarlo de una manera sostenible en el tiempo. Porque nada que se logre con facilidad es valorado o agradecido como para que nos llene de felicidad plena.

Recientemente he compuesto una canción que surgió desde la idea de imaginarme en un futuro cercano viviendo ya con las metas que me había propuesto alcanzar hace ahora unos meses. Es decir, es como un viaje desde mi futuro donde ya tengo y soy cuanto he deseado y por lo que he trabajado hacia mi pasado hasta llegar a mi presente actual, con la finalidad de darme ánimos en los momentos en los que flaquean las fuerzas para seguir luchando por mis sueños.

Os voy a escribir la letra de la canción que espero en breve poder grabar con mis músicos y colgarla también en la web. La compuse en un momento en que las dudas se apoderaban de mi corazón y mi mente se perdía entre la falta de confianza en mi proyecto y la manera de interpretar las muchas adversidades por las que voy atravesando. Pero como siempre, surge de mi corazón la letra y la canción para decirme a mí mismo lo que debo recordar en todo momento.

Os la dedico, como todas mis canciones, para que la hagáis vuestra cuando lo necesitéis.

Con gratitud

Tomás Contell

HE VENIDO DEL FUTURO

He venido del futuro para decirme a mí mismo

que todo me va a ir bien, que no sufra por mis penas,

que no son una condena que dure una eternidad.

Que siga por el camino, sea el que marque el destino

con la FE y la gratitud, de pensar que en unos años

cuando llegue a ese futuro estaré mucho mejor.

 

He venido del futuro para encontrarme conmigo

y animarme a seguir, practicando todo aquello

que mi corazón me dicte porque es bueno para mí.

Sin perder la confianza de que al final la balanza

se inclinará por mí, dándome todo lo bueno

que siempre he estado esperando para sentirme feliz.

 

Estribillo

Y ahora voy a darme con gran cariño

un respiro por mis penas porque sé que marcharán

y vendrán como aves del paraíso

toda suerte de venturas que conmigo quedarán.

 

He venido del futuro para enseñarme a mí mismo

cómo debo avanzar, poniendo pasión en todo

y amando cuanto hago, y siempre perseverar.

Sabiendo que en el camino siempre habrán rosas y espinos

y lo tendré que aceptar, aprendiendo con paciencia

que al final tendré la esencia de lo que quiero encontrar.

 

Estribillo

Y ahora voy a seguir con gran tesón

el camino que he elegido sin perder la dirección

y a esperar poniendo todo mi empeño

que al final seré el dueño de mi propio corazón.

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