Archivo mensual: agosto 2013

“ACEPTAR”

ACEPTARUna de las palabras que siempre me ha acompañado en los últimos años de mi vida (y no es la única como se podrá comprobar) es la palabra ACEPTAR.

Recuerdo cuando era niño que se me repetía muchas veces ante situaciones de todo tipo. Y luego, con el paso del tiempo, no sólo se me repite constantemente si no que yo me he convertido en un repetidor de la misma para mis hijos y personas que me rodean.

He compuesto recientemente una nueva canción dedicada precisamente a esta palabra tan usada y, por supuesto, mal interpretada. Al final de este artículo os la ofrezco.

¿Por qué digo que es una palabra un tanto difícil de entender? Porque expresa sentimientos y emociones que nos pueden parecer como contradictorios. Me explico: hay momentos en los que se nos dice que debemos aceptar la vida tal y como se nos presenta, en un intento por calmar nuestras ansias de mejorar o de salir de una situación que no nos gusta, o de injusticia o de incomodidad o de dolor y sufrimiento. Pero al mismo tiempo oímos que se nos dice que debemos luchar por superarnos, por mejorar nuestra situación, por alcanzar retos importantes que nos permitan sentir que progresamos y crecemos hacia nuevos horizontes de desarrollo personal, profesional o espiritual.

Y en ese dilema de aceptación y lucha por superarnos y mejorar nuestra condición la palabra aceptar no tiene muchos amigos que digamos. Parece como si al hablar de aceptar le pusiéramos a la persona un lastre que no le permite salir con energía hacia la conquista de mejores logros y le ata de manos y pies impidiéndole imaginar, incluso, cómo podría ser la vida si dejase de aceptar aquello que es como un freno para su crecimiento.

Y es aquí donde la palabra aceptar más se parece a uno de sus sinónimos que menos me gusta, que es resignarse. La resignación (será por lo de la resignación cristiana tantas veces escuchada) no es lo mío. Porque implica renuncia, abandono, aceptación pasiva en la que te quedas sin más dando por bueno aquello que sabes que no lo es. Y esto supone falta de lucha, ausencia total de motivación para encontrar salidas a una situación que se considera inaceptable a todas luces.

Está claro que, en cada momento o situación en que nos encontramos o,  pensamiento o emoción que nos embarga, nos va a surgir la pregunta de si acepto y doy por bueno lo ocurrido, o lo que me está pasando, o tengo opciones de cambiar y mejorar partiendo de lo que ha pasado, sea un pensamiento, emoción o un hecho concreto.

Porque hay muchas ocasiones en la vida donde las cosas que nos ocurren no las podemos cambiar. Simplemente han pasado y punto. Sí, repito. Han pasado y punto seguido, no punto final, porque el final no existe ni siquiera con la muerte física (y de eso tendríamos mucho que hablar y no es el momento ni el lugar para ello). Han pasado y es a partir de lo ocurrido, o mejor dicho de lo  pasado (porque ya es pasado y no presente) debemos empezar a pensar en el verdadero significado de la palabra aceptar o, mejor dicho, en lo que nos puede aportar la palabra “aceptar” a partir de ese preciso momento.

Y uno de los significados de la palabra “aceptar” que más me gusta es el que dice que es “dar por bueno, aprobar, considerar que algo está bien”. Esto me ha parecido muy duro de aplicar en la vida para cosas que me han ocurrido y otras muchas que he visto a lo largo de mi vida. No quiero apenas ni señalar lo duro de aplicar la palabra “aceptar” a momentos de mi vida como han sido mis separaciones, mis quiebras económicas, la muerte de mi hermano Enric o la de mis padres. Y cuando el temor de que otras cosas tan difíciles o mayores incluso me puedan ocurrir, el pensar en acudir a este significado de la palabra “aceptar”  me causa cuanto menos desazón.

¿Cómo poder aceptar tragedias, accidentes, muertes, asesinatos, violaciones, injusticias, dolor, sufrimiento y tantas otras desgracias que inevitablemente nos acompañan día a día?

Es algo que quiero compartir con vosotr@s, porque no tengo la respuesta. Sigo siendo un buscador que quiere encontrar un poco de sabiduría con la que poder comprender (otra palabra que tanto me acompaña en mi vida) un poco mejor todo cuanto ocurre en este planeta a esta humanidad de la que formamos parte inexorablemente.

No me resigno a aceptar lo que no me gusta, ni las injusticias, ni la corrupción, ni todas esas cosas que pasan y que deberían ser evitadas. Ni me resigno  a morir sin haber vivido, ni me resigno a ver la muerte sin sentido sin hacer nada por cambiar esa situación.

Pero he ahí que las cosas pasan sin que nada ni nadie pueda evitarlo. Simplemente pasan, suceden, ocurren. En un ir y venir inevitable donde se nos muestran, a veces hasta demasiado repetitivamente, las mismas causas por las que pasan siempre los mismos efectos. Y pese a su repetición, no hacemos nada. Esa aceptación-resignación pasiva es la que no me gusta.

Sólo acepto la aceptación (perdón por la redundancia que es buscada) que nace del deseo de mejorar, de cambiar lo que no nos gusta después de haberlo vivido. Esa aceptación de quien después de haber sufrido lo indecible por algo que nunca quiso que pasara, ha cogido fuerzas de donde apenas había para cambiar la injusticia, para mejorar la situación que provocó el daño y el sufrimiento que luego ha tenido que “aceptar”, para crecer como ser humano, para progresar en la vida y descubrir nuevos retos, nuevos horizontes que nunca pensó que podrían existir.

Esa aceptación que empuja al cambio, que motiva a la acción, a superarse, a luchar, a crecer es la que me gusta. Esa aceptación que acaba encontrando algo bueno en todo lo ocurrido, una vez el tiempo ha pasado, y mira hacia atrás “dando por bueno” lo que nunca creyó que podía traer consigo la desgracia o el sufrimiento al aceptarlo con amor, no con resignación.

Os aseguro que no me resulta nada fácil aplicar esta aceptación en mi vida. Lo reconozco. Pero también tengo claro que de no esforzarme día a día por aceptar el “aceptar” de manera positiva, mi vida sería mucho más complicada, difícil y, por supuesto, más desdichada. Y me mueve la búsqueda de la felicidad y su disfrute. Así que, aprendo a aceptar cada día, pero esforzándome por cambiar lo que no me gusta (empezando como en todo por mí mismo).

Y esta es la letra de la canción:

Me dijeron “será duro”, “lo tendrás que aceptar”.

Me avisaron que tendría mucho que sacrificar.

Muchas cosas por mí amadas las vi alejarse sin más

y perdí otras que soñaba algún día conquistar.

 Nunca imaginé que tanto me costaría aceptar.

Aceptar que los recuerdos son sólo recuerdos, no más.

Que por más que los busquemos iguales ya no serán.

Aceptar si la nostalgia te hace un nudo en la garganta

y se te agolpa en el pecho sin dejarte respirar.

 Aceptar que aquello bueno que pude un día vivir

forma parte de un pasado que igual no lo voy a sentir.

Aceptar que todo pasa, que a todo le llega su edad

y aceptar que con el tiempo todo vendrá a mudar.

 Aceptar mis decisiones y su lección aprender,

pues mis aciertos y errores me ayudarán a entender

que no hay garantías por siempre, más todo lo puedo lograr

aceptando si he perdido, aceptando que al ganar

todo va a tener su precio y que la vida es apostar.

Más todo lo doy por útil y acepto el aceptar

pues he aprendido aunque tarde que es mejor que lamentar.

Y así no lamento lo hecho ni tampoco mi errar

porque de todo he aprendido y también a aceptar.

Que no hay garantías por siempre, más todo puedo lograr

aceptando si he perdido, aceptando que al ganar

todo va a tener su precio y que la vida es apostar.

Con gratitud

Tomás Contell

“RECORDANDO A FACUNDO CABRAL”

Facundo CabraklNada pasa por casualidad, sino por causalidad. No me canso de repetirme esta frase una y otra vez. Y cuando me encuentro con situaciones, personas, emociones, pensamientos … me pregunto por qué precisamente me vienen o me ocurren esas cosas en esos precisos momentos.

Hace unos días me encontré con un astrólogo al que acudí por referencias de un amigo que me lo aconsejó. Nunca creí en esas cosas, si bien he de admitir que les he tenido gran respeto. Porque he aprendido que, lo que no conozco, debo respetarlo al menos y no caer en la afirmación del ignorante que desde su posición todo lo rechaza o, a lo que es peor, lo juzga como malo o nada válido.

En otra ocasión me referiré a esta experiencia. Porque lo que ahora quiero resaltar es que al conocernos y contarle lo que quiero hacer y ya estoy haciendo, me habló de Facundo Cabral poniéndomelo como un ejemplo a seguir para mi carrera como cantautor. Claro que había oído canciones de este autor argentino y conocía un poco de él. Pero con la facilidad que nos da internet para buscar información (todo tiene su lado bueno y malo a la vez, depende del uso que hagamos) me puse a saber más de él.

Hoy quiero dedicarle mi sencillo homenaje a Facundo Cabral. Pueden ustedes obtener mucha más información de él en wikipedia, por supuesto, o accediendo a la web www.facundocabral.info .

Rodolfo Enrique Cabral nace en La Plata (Buenos Aires) el 22 de mayo de 1.937 y “muda” de esta vida, como él mismo decía, el 9 de julio de 2011 en Guatemala. Se llamaba artísticamente en su comienzos “Indio Gasparino” y luego ya Facundo Cabra. De él se dice que se caracterizó  por sus composiciones de trova y sus monólgos con anécdotas personales, parábolascrítica social para promover la autorrealización, el despertar de la conciencia y la reflexión espiritual.

Me impresiona especialmente su vida, llena de enormes dificultades en sus comienzos y observar cómo aparecen “causalidades” que van a provocar en él la forja de su carácter y la posibilidad de que alcanzara su destino, del que, por supuesto no era consciente al nacer. Cuántas veces nos preguntamos cuál es nuestro destino, seguramente tratando de justificar nuestra manera de ser o cuanto nos ocurre. Y no nos damos cuenta que el destino puede estar escrito, pero las vidas que vivimos para alcanzarlo las tenemos que descubrir por nosotros mismos y hacer que llegar a nuestro destino pueda ser una tarea más ardua, larga y difícil o, por el contrario, un verdadero placer de autodescubrimiento.

Lo maravilloso de ver, leer, oir a Facundo Cabral es observar cómo no son los conocimientos que uno adquiere a lo largo de la vida lo que le hace más o menos sabio, sino la capacidad de aplicar parte de esos conocimientos en los momentos adecuados para hacer que la vida sea un maravilloso viaje que valga la pena vivir.

Se habrá escrito muchos textos sobre la depresión, se habrá investigado muchísimo desde la farmacología, la psiquiatría, la medicina, la bioquímica, la neurología y demás ciencias. Pero he de admitir que la claridad, la sencillez y la fuerza con que Facundo Cabral nos deleita en su texto titulado “No estás deprimido, estás distraído” no tiene parangón para mí.

Quiero regalaros, para quienes no lo conozcáis, una parte de dicho texto. Sus comienzos. Para quienes lo deseéis, sólo tenéis que visitar   http://www.facundocabral.info/literatura-texto.php?Id=87 para poder acceder al texto completo.  Y si buscáis más en internet podréis escuchar su voz profunda y su cadente expresión del mismo texto.

Empieza así:

“Distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro, alma y espíritu…  entonces cómo puedes sentirte pobre y desdichado.

Distraído de la vida que te rodea, delfines, bosques, mares, montañas, ríos.

No caigas en lo que cayó tu hermano que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay cinco mil seiscientos millones, además no es tan malo vivir solo;  yo la paso bien decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad, me conozco, algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre que se siente viejo porque tiene setenta años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los ochenta y Rubinstein interpretaba como nadie a  Shopain  a los noventa por sólo citar dos casos conocidos.

No estás Deprimido, estás Distraído…

Por eso crees que perdiste algo lo que es imposible porque todo te fue dado, no hiciste ni un solo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada además la vida no te quita cosas, te libera de cosas, te aliviana para que vueles más alto para que alcances la plenitud.

De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas, problemas son lecciones y la vida es dinámica por eso está en constante movimiento, por eso sólo debes estar atento al presente, por eso mi madre decía  “ yo me encargo del presente, el futuro es asunto de Dios ”  por eso Jesús decía  “ El mañana no interesa, él traerá nueva experiencia, a cada día le basta con su propio afán ”.

No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó porque para allá vamos todos, además lo mejor de él, El Amor, sigue en tu corazón.

Quién podría decir que Jesús está muerto, no hay muerte, hay mudanza y del otro lado te espera gente maravillosa, Gandhi, Michelángelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre que creía que en la pobreza está más cerca el amor porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja porque nos hace desconfiados.”

Espero que os sirva de ánimo en los momentos en los que las fuerzas os flaqueen y no veáis con claridad el sentido de las cosas que hacéis o lo que os pasa. Espero y deseo que nos os desesperéis y que sigáis perseverando con la firme fe de que al final todo habrá valido la pena.

Con gratitud

Tomás Contell

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