Archivo mensual: octubre 2013

LA RUEDA DE LA VIDA…

Elisabeth_Ku_bler_Ross_biografiaAsí se titula el libro que escribió Elisabeth Kubler-Ross, la médico-psiquiatra de origen suizo que recién licenciada en medicina en Zurich se trasladó a EE.UU donde desarrolló su trabajo a lo largo de su vida con más de 20.000 personas moribundas,  terminando sus días (y su libro también) sufriendo varios ataques de apoplejía que la obligaron a estar dependiente para vivir de personas que la cuidaran.

Cuando leí el libro me impresionó la reflexión que hacía sobre la manera en que se veía obligada a vivir después de haber dedicado una vida entera al servicio de los demás cuidándoles en el proceso final de sus vidas y acompañándoles para tener una muerte digna, con aceptación y con la paz interior que da el saber que la muerte no se vive como un final, sino como una cara más de la vida que hemos venido a vivir.

Su reflexión final venía a decir que su enfermedad era la última lección que le tocaba aprender en su vida y que debía experimentar en su propia piel como habían sido los últimos momentos de tantas personas a las que ella había acompañado. Que todos venimos a esta vida a aprender y experimentar algo, aunque no nos damos cuenta de ello hasta llegados los últimos momentos de nuestra existencia.

Su modelo para afrontar la muerte reflejaba las fases de negación primero de lo que es inevitable, la ira por lo que vamos a tener que pasar y que rechazamos totalmente, la negociación tratando de ver si encontramos alternativas por todos los medios para evitarla, la depresión cuando vemos que nada lo va a poder impedir y la aceptación final, con la que se puede llegar incluso a un estado de paz interior e incluso de felicidad ante el hecho de la muerte.

Puede parecer extraño que a una persona como yo, tan ocupada y preocupada por la felicidad propia y de los demás se le ocurra reflexionar y escribir sobre el tema de la enfermedad y la muerte. Pero como he dicho, son dos caras de la misma moneda. No se da una sin la otra. Lo malo de esta sociedad en la que vivimos es que no nos enseñan a vivir mirando cara a cara los dos lados, sino a ocultar la visión de la que no nos gusta.

Por eso recibimos tan mal las noticias de la enfermedad y la muerte. La primera razón por cuanto supone un “mazazo” para el disfrute y placer al que todos tenemos derecho y al que esta sociedad nos quiere acostumbrar para favorecer sus intereses. Y la otra razón porque nos recuerda que todo es fútil y pasajero y que también a nosotros nos llegará el momento de la verdad final.

No pretendo aleccionar aquí y ahora sobre cómo deberíamos afrontar este hecho ineludible. Pero sí hacer ver que la felicidad verdadera no está exenta de momentos duros, difíciles en los que se ponen a prueba nuestras más firmes creencias. Pero eso no es malo. Forma parte del proceso de aprendizaje que venimos a tener. Y entender la felicidad en su sentido más profundo nos lleva a comprender los dos lados de la moneda, la vida y la muerte, aceptando lo que cada una de ellas nos pueda aportar.

En mi vida ya he visto de cerca, en no pocas ocasiones, la enfermedad y la muerte y siempre busco respuestas. Era ya pequeño cuando vi de cerca en su féretro blanco a un compañero de colegio de apenas 7 años. Y luego cuando fui monaguillo y acompañaba al cura a las casas donde debían recoger para ir a la Iglesia al féretro de alguna persona. Y mis visitas de pequeño al cementerio recordando las vidas y muertes de familiares y amigos.

Seguramente todas estas experiencias a las que nunca renuncié, ni me apartaron de tenerlas, me han hecho ver con naturalidad este hecho. Ahora, desde la experiencia y la reflexión de haber vivido la muerte de seres muy queridos veo que ello no es un final, salvo de la parte física que todos experimentamos y sentimos como la más real. Yo la veo, como digo en mi canción “Carpe Diem”, una forma de liberación de nuestra atadura corporal para alcanzar algo mucho más profundo y verdadero como es nuestra dimensión espiritual.

Por eso llevo tan mal las fiestas que se celebran cuando llega el día de difuntos en nuestra cultura occidental y en concreto la de Hallowen. Considero una mofa, una farsa total la manera en que se enfocan estos días. Una falta de respeto me atrevería a decir. Porque en un intento de “quitarle hierro” al tema, no abordan con amor y profundidad un hecho tan real como la muerte y se quedan con la parte o bien frívola o bien consumista. Y no digamos el uso que de temas relacionados con la muerte se vienen haciendo últimamente con la proliferación de películas, series televisivas y demás manifestaciones sobre vampiros, zombis y otras historias.

Recuperemos la dignidad de la muerte, el sentido de la vida y su otra cara. Veamos ambas con aceptación y amor, con gratitud incluso. Si, gratitud. Porque hay muchas personas moribundas, como decía Elisabeth Kubler-Ross, que ven a la muerte con agradecimiento, pues ya la vida la han visto cumplida y no sienten ningún apego por ella, deseando hacer su camino final cuanto antes y descubrir la otra cara de la moneda y todo cuanto ella lleva consigo.

Con gratitud

Tomás Contell 

“MI REPETITIVO SUEÑO REAL”

sosteniendo el solHe tenido recientemente un sueño que en mi vida se ha repetido en bastantes ocasiones. No importa cuál es la situación en la que me encuentro ni el momento, sólo que en mi sueño consigo volar. No es un vuelo supersónico como el de Superman ni me siento dotado de una fuerza prodigiosa. Tan sólo que vuelo, que consigo elevarme sobre el suelo con un pequeño impulso, como dando un pequeño salto y ya puedo desplazarme por los lugares donde están las personas sin tener que caminar, pudiendo alcanzar la altura que necesito para ir de un sitio a otro sorteando incluso la altura de los edificios. En mi sueño, normalmente sólo vuelo a la altura suficiente como para no tener la dependencia de caminar o tener que nadar en el agua. Simplemente me elevo y me desplazo viendo que las demás personas están limitadas en sus movimientos sin poder explicarse cómo hago yo para elevarme y desplazarme sin tener la atadura de la dependencia gravitatoria.

Este sueño, con pequeñas variaciones que no sabría recordar muy bien, siempre se me ha presentado en mi vida en determinados momentos sin saber explicar las razones. No voy a entrar en las interpretaciones que a veces he leído sobre este tipo de sueños porque no me parecen relevantes ahora.

Lo que quiero destacar hoy precisamente en el sueño que he tenido es el hecho de que en un momento del mismo, alguien me ha visto y me ha hecho como una fotografía o me grabó con su móvil. No sé si su intención era poder luego utilizarlo para mostrar a los demás que es posible volar. La cuestión es que me sorprendió que lo hiciera, porque hasta hoy nunca en mi sueño nadie se había tomado la molestia de hacerlo. Simplemente la gente me veía y unos pasaban simplemente de ese hecho, otros me observaban con sorpresa y algunos pocos con admiración. Pero ahí quedaba la cosa.

El hecho es que me he sorprendido porque me grabara y mi reacción fue cogerle el móvil para que no pudiese hacer uso de las imágenes. En ese momento me dijo que ya las había enviado por correo y que ya no podía hacer nada, que todo el mundo iba a saber la “verdad” de que había una persona que conseguía elevarse del suelo, desplazarse sin caminar y, en definitiva, volar.

Entonces me sorprendió mi reacción en el sueño ante ese hecho, pues le dije “¿no te has planteado que lo que has visto no sea realmente lo que tú crees que ves? ¿no piensas que lo que estás viendo y viviendo es un sueño tan real que te hace creer que es verdadero, como en la película de Matrix? Y si es así, si esto realmente es un sueño que estamos viviendo, ¿no te planteas que puedes construir en este sueño la realidad que desees?

La persona se quedó sorprendida con mi respuesta hasta el punto que me pareció que empezaba a creer que realmente era cierto lo que le decía. Y en ese momento decidí devolverle el móvil y no darle importancia al hecho de lo que había grabado, sino más bien a que, ante la duda que había puesto en él, empezaban ahora a surgir como posibles que ciertas cosas pudieran ocurrir, como el hecho de que volara.

Y ante esa sensación que tuve le animé a que hiciera lo que yo hacía, a que probara a dar un saltito y a que se elevase sobre el suelo, probando a desplazarse como hacía yo e incluso a volar. Y ante mi alegría, más que asombro, comprobé que así lo hacía. Y otras personas que habían escuchado nuestra conversación se animaban también a hacerlo, aumentando el número de personas que ahora podían “volar”.

La sensación que tuve fue maravillosa, porque pude sentir que realmente lo que estaba viviendo era un sueño, pero un sueño en el que todos los que quisieran podían desarrollar por ellos mismos, desde el convencimiento y fe total, su capacidad para volar.

Mientras todo esto pasaba, yo era consciente de que estaba viviendo un sueño, como tantas otras veces y que al despertar podría comprobar que en la realidad de mi vida no era posible volar. Pero tuve esta vez una idea que me llenó de sorpresa y me dio una sensación de plenitud que antes no había sentido. Porque me dije “¿y si ahora al despertarme lo que realmente hago es ponerme a vivir un sueño que simplemente me parece mucho más real que el que he vivido, si bien no deja de ser un sueño también? ¿Y si pudiese en este momento en el que empiezo a vivir lo que creo que es real y ser como los demás eran en mi sueño, creyera firmemente que lo que vivo es un sueño y me hiciese caso a mí mismo, en lo que antes era mi sueño verdadero donde me decía que tuviese fe en que podría hacer algo a todas luces imposible, como volar, y probase a hacerlo? ¿qué me pasaría si en la vida que considero “real” fuese capaz de tener la fe que en mi sueño tenía, de que podía volar y probase a hacerlo de verdad?

Sé que me dirán que, por mas que lo crea y lo intente, en nuestra realidad física, la que no es un sueño, no puedo volar por mis propios medios dando un saltito y elevándome. Por supuesto. Pero no era eso lo que me llenó de satisfacción, sabiendo  que volar no podía hacerlo. Sino el hecho de pensar que, si lo que vivo como real es en realidad un sueño, pero con sus limitaciones físicas, puedo construir con mis pensamientos una forma diferente de volar, que consiste en no sentirme prisionero de cuanto me ocurre pues, si bien físicamente lo estoy porque tengo un cuerpo físico, también puedo “volar” con mis pensamientos de esa realidad y construir una nueva que me haga sentirme más feliz.

Ese ha sido el pensamiento que me ha llenado de gran satisfacción y que hoy quería compartir con vosotros. Porque la realidad, la verdadera realidad es, que somos constructores con nuestros pensamientos, con nuestras creencias sobre la realidad que queremos y deseamos. Y si queremos “volar” con nuestros pensamientos hacia otras realidades que nos hagan mas felices, tan sólo debemos imaginarlas, desearlas y tener la fe absoluta de que se harán realidad. Primero en nuestra mente y luego, paso a paso en nuestro sueño real que viviremos.

Con gratitud

Tomás Contell

 

LA FELICIDAD Y SUS ESTADÍSTICAS

Diapositiva1Qué pena que un estudio tan interesante, por algunas de las observaciones que hace, haya tenido que ser realizado por un instituto cuyo patrocinador no es un ejemplo de ayudar al ser humano a cuidarse de sí mismo, promoviendo una bebida cuya salud no favorece! Son las incongruencias de la vida. Me planteo si colaborar con quien no favorece la salud del ser humano esta justificado aunque el fin que se persiga sea el de conocer y fomentar algo bueno como la felicidad humana. ¿Nadie ve ni una pizca de manipulación en este hecho? Seguramente es un ejemplo más a lo que esta sociedad nos tiene acostumbrados.

Me debería resistir a colaborar con el instituto comentando los resultados de la encuesta realizada. Pero diré que, aclarado lo primero, no voy a lanzar al vacío lo que de interesante pueda aportar la encuesta por el hecho de que no sea de mi agrado el patrocinador. Es como matar al mensajero porque el mensaje que nos trae no nos gusta. El mensajero no tiene la culpa, como es natural, ni participa en el mensaje que se transmite ni en cómo se ha producido.

Dicho esto, me ceñiré a lo que realmente me ha llamado la atención de los resultados de la encuesta.

“La vida de los españoles ha cambiado al parecer bastante en seis años… por culpa de la crisis, ya que al porcentaje de españoles que se declaraban felices en 2007 se elevaba al 82%, mientras que los que se declaran felices en 2013 han descendido al 54%. Parece obvio a la vista del deterioro de la situación, no sólo económica, sino por las reiteradas medidas de ajuste que han afectado a las condiciones sociales.

Lo más interesante viene cuando se afirma que “los españoles que se declaran más felices son aquellos que tienen pareja, hijos, confían en sí mismos, creen que el futuro les deparará más cosas buenas que malas, les gusta ayudar a los demás y tienen una mayor preocupación por el Medio Ambiente”.

Aquí sí que me quiero detener porque, me parece importante destacar el hecho de que las personas que se declaran más felices están teniendo un tipo de vida en el que se habla de algo circunstancial que rodea a las personas felices, como el hecho de tener pareja e hijos (no sabemos si eso es causa o efecto). Pero menciona aspectos ligados a lo que vendría a llamar actitudes mentales ante la vida misma, como el hecho de ser personas con un elevado nivel de autoconfianza, tener expectativas positivas ante la vida y su futuro y, sobre todo, adoptar ante los demás y el medio ambiente una posición de proactividad comprometiéndose en la ayuda al prójimo y en el cuidado de su entorno.

Afirmo en mi libro “Vive, canta y sé feliz” que el primer principio para la felicidad es conocerse a uno mismo, lo que nos lleva a un nivel de autoconfianza y autoestima (segundo principio) que aumenta en nosotros la sensación de felicidad y se traduce en una mayor confianza en el futuro y en la creencia de que las cosas nos van a ir bien pese a las dificultades con las que tengamos que enfrentarnos. Y en mi cuarto principio señalo que las personas felices sienten la necesidad de seguir creciendo como seres humanos y contribuir a la mejora, primero de los mas cercanos y luego de los otros, y con ellos al medio ambiente que les rodea, haciendo todo lo que está en su mano para mejorar a las personas y su entorno.

También comento en mi libro en el sexto principio que el nivel de energía, (relacionado estrechamente con la salud, como es de imaginar) marca una clara distinción entre las personas felices de las que no se sienten como tales. En el estudio al que hago referencia, se indica que “los españoles que manifiestan ser felices, se declaran satisfechos con su vida y tienen una mejor percepción de su salud que los no felices (82% frente al 44% de los no felices)”. Lógico, porque tener una buena salud es la base para que la felicidad pueda estar presente, si bien existen personas enfermas que pueden sobrellevar su enfermedad con dignidad hasta el punto de mostrarse sorprendentemente felices ante los demás. También señala el estudio que “desde el 2007 se evidencia una mayor conciencia hacia hábitos de vida saludables en lo que se refiere al ejercicio físico y a la alimentación, indicando que el 83% de los encuestados en 2013 realiza alguna actividad física, en contraste con el 79% en 2010 y el 72% en 2007”. ¡Menos mal que vamos mejorando!

Otra afirmación, que parece evidente, es la que dice que “el 80% de las personas que afirman sentirse satisfechas con su vida siente que su familia está orgullosa de ellos, el 79% siempre se ha sentido profundamente querido por sus padres y el 74% se considera optimista”.

Hecho en falta (como en todas las encuestas que se hacen) una análisis más detallado que nos pudiera permitir diferenciar qué son causas y qué efectos en esas afirmaciones, para poder sacar conclusiones que pudieran traducirse en cómo poder educar mejor a las personas para ser felices.

Me dirán que las encuestas sólo pretenden mostrar una realidad sin entrar en más detalles. De acuerdo. Pero alguien tendrá, ya de una vez en este país (y en los demás también), que entrar en profundidades y analizar por qué el ser humano se siente o no satisfecho o feliz con su vida y cómo podemos ayudar a mejorar el nivel de felicidad del ser humano.

Yo al menos, desde mi reflexión y experiencia, he tratado de entrar en profundidades y dar mi punto de vista. Evidentemente no está detrás de mí ninguna institución con grandes recursos para difundir mi libro. Pero prefiero que así sea porque nada me ata ni me impide decir cuanto pienso y creo. Pero sí ofrezco alternativas y principios en los que basarse para ser feliz. Y no he tenido que realizar ninguna encuesta para ello.

Con humildad… y gratitud, como siempre.

Tomás Contell

 

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