Archivo mensual: diciembre 2013

“SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE”

sosteniendo el solSiempre se dice que la vida y la muerte son las dos caras de la misma moneda. Esa moneda que considero es nuestra existencia más allá de la propia vida terrenal y su corta duración. La moneda permanece en su totalidad aunque unas veces la vemos desde una perspectiva o desde otra.

Ayer asistí al funeral en Moncada de una gran persona, Francisco Taroncher. No fue grande por sus grandes obras, sino por llevar una vida de entrega y dedicación a lo que más amó: su familia y su trabajo.

Las palabras del sacerdote fueron profundos elogios a su persona y me conmovieron porque sentí que algo así me gustaría que dijeran de mí cuando deje este cuerpo físico.

Me hizo recordar, como siempre me ocurre, a todos los seres queridos que he ido despidiendo a lo largo de mi vida. Y me hace pensar, como siempre, sobre la fugacidad de nuestra existencia. Recuerdo parte de un poema que escribí hace tiempo:

“Hemos hablado, mi amigo, de lo que vamos haciendo; de cómo vamos corriendo por la vida sin parar; sin apenas contemplar aquello que estamos viviendo y que acabamos sintiendo que, sin apenas sentir, se nos escapa la vida, que hemos venido a vivir.”

No me entristece la muerte, si bien me preocupa el dolor y el sufrimiento. Pero también éstos, el dolor en su parte física, y el sufrimiento, que es dolor del corazón y del espíritu, también nos sirven en no pocas ocasiones para entender muchas cosas que de otra forma se nos escaparían a nuestro entender y  nos privarían de aprender su lección.

Pero cuando asisto a actos como el de ayer, veo mi vida pasar y me siento como la persona a quien despiden. Me identifico con él. Como lo he hecho en otras ocasiones cuando he visto marcharse a mis seres queridos.

Y pienso que llegará mi hora y cómo serán esos últimos momentos. Pero no lo hago con temor, sino con un sentimiento de aceptación de que es el destino lógico para la vida que hemos venido a vivir. Y es entonces cuando vuelvo a mi realidad, a analizar cómo estoy viviendo mi vida, cómo quiero que sea realmente lo que me queda por vivir.

Es, entonces, cuando siento una profunda gratitud por darme cuenta de que muchas de las cosas que consideramos importantes no lo son y que lo que realmente quedará cuando nos marchemos será el AMOR que hayamos sembrado a nuestro alrededor. Amor hacia las personas que han compartido con nosotros la vida, amor hacia el trabajo en el que hayamos desarrollado nuestros dones y talentos, amor a las pequeñas cosas que nos han hecho amar y disfrutar de esta vida.

Y es, entonces, cuando hago repaso de lo que he hecho en mi vida y lo que quiero hacer. Y, en esos momentos, doy gracias por haber ido llevando mi existencia por el camino correcto, a pesar de haber andado por lugares inciertos, por senderos llenos de peligros, por valles cargados de oscuridad, por haberme equivocado al querer tomar atajos que sólo me apartaron del destino que me esperaba.

No importa si he perdido dinero en mis negocios, si me han embargado lo poco que tenía, si ya no me queda nada de aquello con que los hombres miden el éxito de los demás. Porque, realmente, queda cuanto he sembrado y me queda lo más importante: mi vida. Ésta no me la pueden embargar, si yo no lo permito. Y con mi vida puedo hacer lo que quiera, puedo hacerlo todo.

Siempre nos queda una vida por vivir auténticamente, plenamente, disfrutando de lo realmente valioso: el amor que puedo tenerme a mí mismo por seguir teniendo la oportunidad de aprender y disfrutar con ello, y el amor que puedo dar a los demás. Una vida vivida así es una vida que bien merece el mejor de los epitafios cuando termine su etapa terrenal, porque habrá valido la pena en todos lo sentidos.

El famoso cuento de Navidad de Charles Dickens, donde el fantasma del pasado, del presente y del futuro se le aparece al avaro para hacerle ver cómo ha sido su vida y cómo puede ser si no cambia debería aparecérsenos a todos nosotros para hacernos ver que siempre estamos a tiempo de cambiar para mejor. Sólo hace falta el deseo firme de cambiar y el propósito, que es acción dirigida a conseguir lo deseado, para poderlo hacer realidad.

Yo digo que esas personas que alcanzan lo que se proponen han desarrollado una “PECA” muy grande en su carácter, porque están “Permanentemente Enfocadas y Coherentemente Activas”. Así quiero que sea mi vida y así deseo que sea la vuestra. Aprovechad estas fiestas navideñas para poner vuestra “PECA” en movimiento y que el 2014 sea un año lleno de felicidad.

Con gratitud

Tomás Contell

CUANDO LOS VIRUS NOS ATACAN…

virus¿Qué hay de los momentos en que vemos las cosas con tristeza, con la sensación de pérdida, de incapacidad para volver a conquistar nuestros sueños, con la energía baja por lo suelos para levantarnos y luchar para no dejarnos llevar por los pensamientos negativos, de baja autoestima, de impotencia para superar las adversidades, de…, por resumirlo como decía hace poco en uno de sus artículos Miguel Guzmán …nos sentimos como una auténtica “mie…” con perdón?

Pues amig@s, de eso os quiero hablar, porque yo tampoco estoy exento de esas emociones en ocasiones. No voy a decir que asalten mi mente con frecuencia, porque para eso llevo tiempo trabajándome. Pero, honestamente, siempre aparecen a mi alrededor “estímulos” (que para otros pueden ser inocuos) que en mí disparan, como inevitable relación causa-efecto, pensamientos que me llevan a esas emociones.

No voy a entrar en los detalles de cuáles son, porque a todos nos llegan por diversos medios y según nuestra propia historia. Pero siempre están ahí, como los virus, agazapados para atacarnos en los momentos en que nuestras defensas más bajas están. Y no hay otra manera de combatirlos que estar preparados y tener nuestras defensas en perfecto estado, revisadas, actualizadas, renovadas. Yo no veo otra manera.

No importa si nuestra economía es excelente o no, somos ricos o pobres, tenemos trabajo o no, buenas relaciones de pareja, buenas amistades, relaciones familiares equilibradas, etc. Siempre hay virus dispuestos a atacar nuestro equilibrio, nuestra paz, nuestra felicidad.

Yo, como uno más de los mortales, estoy sometido al ataque de esos virus mentales. Hoy, un día como otro cualquiera, siento su presencia amenazadora. Ha bastado que recogiera un “documento” nuevo sobre mi situación financiera, que tuviera que tomar una decisión con riesgo para mi futuro económico y laboral, que me atacase como en la infancia el virus de la comparación con quienes han triunfado en la vida y me viese mediocre y arruinado, para que haga su presencia en mi alma el inevitable resfriado emocional.

Sabéis de sobra de lo que os hablo, porque tod@s habéis pasado ese resfriado que ha llegado en muchos casos a convertirse en gripe aguda. Pero yo me pregunto ¿hasta cuándo tendré que estar sometido al ataque de los malditos virus? ¿cuándo podré estar totalmente inmune y atravesar entre todos ellos sin que me afecten lo más mínimo? ¿Cuándo habré creado unas defensas, unos antídotos capaces de vencer a todos los virus posibles para que no me puedan dañar el equilibrio, la estabilidad emocional y la felicidad que tanto me ha costado conquistar y que tan fácilmente puede verse quebrada?

Interesantes preguntas para las que ando buscando respuestas. Si sigo el símil que he utilizado, creo que no hay seguridad para ello. Siempre van a haber virus nuevos que evolucionen, nuevas formas que o bien se crean por mutación o que se crean en laboratorios en su proceso de experimentación. Nuestra sociedad es un caldo de cultivo excelente para ellos. Me temo que nunca vamos a estar totalmente a salvo. Seguramente su presencia, como nuestra existencia, van unidas inexorablemente. Pero, si es así, ¿cómo puedo convivir con esos virus y estar preparado para combatirlos?

Me viene a la mente, con la utilización de este símil, la cantidad de películas que están proliferando sobre los “zombis” y muertos vivientes. Y no deja de sorprenderme cómo a la gente le gusta ver este tipo de películas en las que se sienten amenazados, sufriendo con los protagonistas pero, con la esperanza al fin, de ser capaces de vencer y sobrevivir a los mismos. Y, ¿cómo lo hacen? Pues manteniéndose libres de toda infección. Evitando ser contaminados por el virus y luchando por encontrar el antídoto que les proteja definitivamente.

Pues eso; así de sencillo es. No tenemos otra opción para combatir nuestros virus mentales que mantenernos alejados de su foco de infección, evitando estar en contacto con ellos. Y, si por alguna razón nos atacan o los vemos venir con tiempo, buscando en nuestro interior los antídotos que hemos creado a lo largo de nuestra vida o averiguando nuevas formas de protegernos o investigando para encontrar el antídoto que nos inmunice.

Y, si no lo hemos hecho, si no estamos preparados para protegernos, si no sabemos cómo hacerlo, deberemos buscar rápidamente apoyo en quienes nos pueden dar, no una pastilla, porque para esos virus no valen pastillas, sino las claves a seguir para fortalecer nuestras defensas y salir airosos. Ahora bien, si el virus ya nos ha atacado, si su daño ya está presente en nosotros, entonces tendremos que aceptar que deberemos pasar una inevitable cuarentena que nos va a debilitar y que podrá dejarnos secuelas. Pero que, si aplicamos en ese proceso los remedios al uso, saldremos inmunes para otros ataques similares y mejor preparadas nuestras defensas para otros posibles.

De los remedios posibles se podría hablar mucho. De los profesionales y de los caseros. Y digo caseros porque, si bien están los de los profesionales que siempre funcionan mejor, no todos pueden acudir a ellos para remediar sus problemas. Y como todo en la vida, a veces la ciencia popular ha sabido encontrar soluciones adecuadas y menos costosas.

En fin, que si no sabes qué hacer y te sientes bloquead@, recuerda que para salir de los bloqueos basta con tomar pequeñas decisiones, por simples que parezcan y actuar, diseñando el camino para ir de donde no queremos estar hacia donde queremos estar, dando pequeños, pero firmes pasos en esa dirección. Y repetir, y entrenarnos, y fortalecernos con el entrenamiento y la repetición, y seguir, y seguir… Perseverar, en definitiva. A ver quien puede más si los virus o nuestras defensas bien preparadas.

Y, si por cualquier razón no tenemos claro lo que queremos (que saberlo es lo que más nos ayudará a tener fuerzas para enfrentarnos a todo), entonces apliquemos el criterio natural de huir, al menos, de lo que no queremos porque nos hace daño. A lo mejor así, vamos abriendo nuestros ojos para por ir viendo lo que realmente deseamos y que nos puede hacer más felices.

Con gratitud

Tomás Contell

LA CONEXIÓN CON NUESTROS SUEÑOS

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En muchas ocasiones me encuentro con personas que me relatan, en pocas palabras, cuál es la situación que están atravesando y las dificultades con las que se enfrentan. Hay de muchos tipos: de pérdida de trabajo, de relación amorosa frustrada, de pérdida de motivación por vivir, de quiebra económica, de falta de autoestima, de sensación de vacío interior, de falta de energía, de problemas de salud o enfermedad, de relaciones con los hijos o con los padres…

No me lo cuentan esperando que les dé una solución a su situación, sino más bien buscando un cierto desahogo y la compresión de quien creen que, al menos, va a entender mejor que otros lo que les pasa.

Yo les escucho en el breve espacio que a veces tengo para hacerlo, porque o bien es al finalizar una actuación, en la dedicatoria de mi libro o, en el mejor de los casos, en lo que suele pasar después de las actuaciones. Y, sinceramente, escucho, comparto y hasta me atrevo a dar los consejos que humildemente pienso que les pueden servir.

En muchos casos se van más o menos satisfech@s de haber podido exteriorizar a alguien desconocido hasta ese momento lo que les preocupaba y llevándose consigo algunas “recetas” que siempre me quedo con la duda de si las aplicarán o no.

Este tipo de situaciones no son las que yo quisiera para mí, porque me siento como si no pudiera dar todo lo que esas personas necesitan y esperan de mí, como tampoco hacer el seguimiento de cómo van aplicando en sus vidas los sencillos consejos que les doy.

Pero he aprendido que no depende de mí el que las personas aprovechen o no mis consejos. Ni siquiera de la calidad o bondad de los mismos. Porque, al fin de cuentas, no soy yo el transformador de nada ni de nadie. Tan sólo soy y puedo ser, mi propio transformador, mi propio líder del proceso de mi mejora personal y, en el mejor de los casos, un mensajero más que transmite sus vivencias y reflexiones para quienes deseen aprender algo con ellas.

Hace tiempo, en mis etapas como docente, tenía un gran deseo de transformar a las personas en lo que yo consideraba que era lo mejor para ellas. ¡Qué inocente y peligrosa ilusión! Ahora, después de lo vivido y aprendido descubro que nadie cambia a nadie, sólo se cambia cada uno a sí mismo cuando lo desea fervientemente porque algo en la vida le impulsa irremediablemente a ello, bien por el placer que piensa que va a obtener  o bien por evitar el gran dolor que ya no puede resistir o quiere evitar.

Así, muchas personas, se debaten en la queja continua de una vida que no les satisface plenamente, pero que están atrapadas por la comodidad que ello les supone, sin atreverse nunca a dar un paso en una nueva dirección por el temor de que lo que puedan encontrar sea peor.

Y buscan en consejos o en desahogos momentáneos la justificación para no hacer nada en la dirección que les abriría un sinfín de posibilidades. Porque lo nuevo asusta y el cambio paraliza. Y, simplemente, se desahogan sin más y siguen haciendo lo mismo. Y, por supuesto, obteniendo los mismos resultados.

¿Cómo romper la inercia de tantos años, la costumbre que nos ha acomodado en un sillón que nos hace sentirnos cada vez más hundidos en él y más difícil el levantarnos y ponernos en acción?

Pues… con una idea, con una imagen fuerte y clara de lo que realmente deseamos y queremos alcanzar. Sí, eso que llamamos “soñar”. Eso que todos hacemos y que disfrutamos en lo más íntimo de nuestro ser porque nadie pone freno a nuestros más íntimos sueños. Pero que, una vez soñado, nos decimos con cierta resignación y hasta tristeza que “soñar esta bien, pero hay que pisar suelo y vivir la realidad”.

Y, ¿qué es la realidad amig@s? Tan solo lo que cada uno de nosotros creamos con nuestros pensamientos y luego creamos paso a paso con nuestras acciones, terminando por tener nuestros propios hábitos que serán los que forjarán nuestro carácter y determinarán finalmente nuestro destino.

Yo soy, como decía Vicent Andrés Estellés, uno entre tantos, soñando, creando, amando, luchando… Uno entre tantos que quiere construir, como tú, como tod@s, un sueño que ha tenido y que debe alimentar cada día con emociones positivas para que le sigan impulsando en la dirección adecuada de su sueño. Y que cada día, como tú, como tod@s, se esfuerza por sentirse conectado con ese sueño para recibir la energía que de él me llega y seguir trabajando en la dirección elegida.

No hay secretos. Seguro que somos sobradamente conocedores de las cosas que hay que hacer. Seguro que cuando pedimos consejos ya estamos preparados para oír más de lo mismo. No nos engañemos. No necesitamos consejos. Lo que necesitamos son sueños que nos provoquen emociones poderosas y nos impulsen a la acción. Todo lo demás nos llegará por añadidura.

Con gratitud

Tomás Contell

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