Archivo mensual: febrero 2014

“SOBRE LA COSTUMBRE DE DAR CONSEJOS”

ruedaTodos tenemos la costumbre de dar consejos a los demás y escuchar poco los que nos ofrecen a nosotros. Parece como un deporte nacional. Y no se explica, habida cuenta de que todos tenemos dos orejas para escuchar y una sola boca para expresar nuestras ideas. Estamos bien construidos, pero mal administrados por nosotros mismos.

Suelo encontrarme con personas que se quejan con frecuencia de cómo les va la vida. De su situación personal, de la reciente separación, de que no encuentran su pareja ideal, de que el trabajo no les va bien, de que se han quedado sin ocupación, de su falta de motivación por la vida y de tantas otras cosas que mejor no seguir.

Hace tiempo (aunque también en ocasiones ahora surge en mí ese impulso) me deshacía en consejos para tratar de ayudar a esas personas. Sentía que era mi obligación porque, de no hacerlo, esas personas iban a perder la oportunidad de saber cómo salir de su situación y no podía irme con el sentimiento de culpa de no haberles facilitado esa ayuda. Seguramente era mi falta de comprensión de cómo es realmente el ser humano y de sus motivaciones para el cambio, así como mi falta de comprensión de que era yo quien tenía un problema al no poder aceptar el hecho de que, el sentirme bien o no, más que estar sujeto a facilitarles “mi” solución, dependía de mi capacidad de amor y apoyo para que ellos pudieran descubrir el camino para encontrar “su” verdad.

Ahora, pese a tener claras estas reflexiones, sigo dando consejos cuando me los piden, pero les digo, eso sí, que el primer consejo que deben seguir es el de no seguir mis consejos, sino el de descubrir por ellos mismos su verdad, la causa o razón por la que les ha pasado cuanto les sucede, que encuentren la lección que la vida les está enseñando y que aprendan de ella, pues a eso hemos venido a este mundo: a vivir y a experimentar y, por supuesto, a ser felices a pesar de todo cuento nos ocurra.

Me gusta siempre recordar y poner como ejemplo a Sócrates, quien siguiendo su método de la mayéutica (aplicación filosófica extraída de la experiencia de su madre, comadrona, que ayudaba a dar a luz a las madres embarazadas) se esforzaba en no dar consejos sino en preguntar constantemente a sus discípulos acerca de lo que les preocupaba o querían saber o hacer y sus motivos.

Por eso, se le considera por muchos como el padre del Coaching o el primer Coach. Así, las preguntas clave que todos deberíamos hacernos cuando queremos saber cómo nos está yendo nuestra vida en general y qué tal estamos rodando por ella en sus aspectos fundamentales, deberían responder a las siguientes áreas: la salud de nuestro cuerpo, las emociones que sentimos y el significado que les damos, las relaciones con los demás, el tiempo de que disponemos y cómo lo empleamos, el trabajo que desempeñamos o a lo que nos dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo para obtener recursos económicos, el estado de nuestra economía o finanzas y, por último, pero no menos importante, nuestra espiritualidad.

Para quienes deseen hacer el ejercicio denominado “la rueda de la vida”, muy extendido en procesos de coaching, sólo tienen que acceder a internet y poner este título para encontrar muchos modelos con los que poder hacerlo. Lo interesante es que descubran, de manera rápida y visual, cómo está rodando su vida y dónde deberían poner especial acento para mejorarla.

Y, cuando descubran dónde quieren poner sus esfuerzos para lograr mejorar un área concreta, no dejen de buscar cuál es su “palanca” para moverse en la dirección correcta y alcanzar sus objetivos. Cuando Arquímedes dijo “dadme una palanca y moveré el mundo”, quería dejar bien claro que nada es imposible de alcanzar, incluso mover el mundo, si somos capaces de encontrar un punto en el que apoyarnos para hacer palanca y multiplicar los resultados de nuestro esfuerzo.

Esa es la clave para el cambio: encontrar nuestra “palanca”, encontrar nuestro punto de apoyo para iniciar el movimiento que nos llevará al cambio que deseamos. Y, cuando analizamos en que nos apoyamos para motivarnos al cambio, descubrimos que son nuestros valores y nuestras creencias los que nos sirven de apoyo o de impedimento. Es decir, aquello a lo que realmente le damos valor en la vida y nuestras creencias sobre la vida y nosotros mismos son lo que nos hace de palanca para lograr movernos en la dirección que deseamos o se convierten en nuestros grandes frenos que nos lo impiden.

Así, amig@s, llegamos a la conclusión de que es difícil, como apuntaba al principio, dar consejos a los demás sin entrar en profundidades de cuáles son los valores y creencias de los demás, porque eso no se descubre en una conversación de café. Y, sin saberlo, ningún consejo va  ser tenido en cuenta ni aprovechado, porque tropezará con la barrera de sus propias creencias y valores.

Empecemos, si queremos cambiar, por lo primero. Que, como siempre digo, es conocernos a nosotros mismos. Que también lo decía ya Sócrates. Lo demás, irá mostrándosenos por el camino.

Con gratitud

Tomás Contell

MI HOMENAJE A SAN VALENTÍN

Almendro-en-florHe sentido curiosidad por conocer de dónde viene la tradición de celebrar el día de San Valentín. Y hay que ver qué bueno y cómodo es acudir a Wikipedia para que nos lo aclare.

No voy a hacer alarde de cultura cuando lo que voy a escribir está sacado de esta enorme enciclopedia del conocimiento que se ha ido creando con la aportación de muchas personas. Por eso que me limitaré a transcribir, sin alardes de creatividad por mi parte, lo que en ella se dice, entrecomillándolo, por supuesto.

“El día de san Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de San Valentín. En algunos países se conoce como día de los enamorados y en otros como día del amor y la amistad. En Angloamérica hacia 1840, Esther A. Howland comenzó a vender las primeras tarjetas postales masivas de san Valentín, conocidas como «valentines», con símbolos como la forma del corazón o de Cupido. También en este día es común la tradición de regalar rosas a aquellas personas a las que se tiene un especial afecto. Existen diversas teorías que otorgan a esta fecha el origen del Día de los Enamorados. En los países nórdicos es durante estas fechas cuando se emparejan y aparean los pájaros, de ahí que este periodo se vea como un símbolo de amor y de creación. Algunos creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del dios a través de regalos u ofrendas para conseguir así encontrar al enamorado ideal. Muchos piensan que San Valentín se celebra desde hace poco y que surgió por el interés de los grandes centros comerciales, pero su origen se remonta a la época del Imperio Romano.

San Valentín era un sacerdote que, hacia el siglo III, ejercía en Roma. Gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras. El sacerdote consideró que el decreto era injusto y desafió al emperador. Celebraba en secreto matrimonios para jóvenes enamorados (de ahí se ha popularizado que San Valentín sea el patrón de los enamorados). El emperador Claudio se enteró y como san Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, el emperador lo llamó a palacio. San Valentín aprovechó aquella ocasión para hacer proselitismo del cristianismo. Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el gobernador de Roma, llamado Calpurnio, le persuadieron para quitárselo de la cabeza. El emperador Claudio dio entonces orden de que encarcelasen a Valentín. Entonces, el oficial Asterius, encargado de encarcelarle, quiso ridiculizar y poner a prueba a Valentín. Le retó a que devolviese la vista a una hija suya, llamada Julia, que nació ciega. Valentín aceptó y, en nombre del Señor, le devolvió la vista. Este hecho convulsionó a Asterius y su familia, quienes se convirtieron al cristianismo. De todas formas, Valentín siguió preso y el débil emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de febrero del año 270. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos”.

Bueno, la verdad es que es interesante ver cómo surgen las historias y cómo se convierten en leyendas. Para mí, hoy es un día en el que recuerdo a cuántas personas he amado, por qué razones lo he hecho o lo sigo haciendo y de qué forma. Ya no me entristece pensar si no me ama quien yo tanto amé, o por qué dejó de hacerlo, o por qué dejé de amar a quien tanto amé e, incluso, si fue amor u otra clase de sentimientos que en su momento me confundieron.

No me preocupa pensar si ese amor pasional, ilusionante, alegre, motivante, hasta enfermizo a veces, volverá a poseerme algún día. Porque, si bien en el recuerdo está el deseo oculto de revivir lo que ya no va a ser posible, también la experiencia vivida nos da una perspectiva calmada, distante y satisfactoria de que, pese a todo, valió la pena y que, mejor no volver a revivir lo vivido y sus consecuencias y seguir mirando hacia delante que hay muchas cosas interesantes por descubrir todavía. Y eso ya lo hemos experimentado. Mejor que sean otros, quienes no lo han pasado, que lo vivan.

¡Ay, el amor! No se nos ha enseñado a amar de verdad, a AMAR con mayúsculas. A expresar el verdadero sentido de esta palabra en su plenitud. De ahí que podamos lamentar no habernos sentido enamorados en alguna ocasión de alguien, o de algo de la vida misma, o de toda ella. Y venimos a este mundo, no obstante a ello. A descubrir y experimentar el AMOR. Con el tiempo descubrimos que se nos ha querido vender una idea del amor que sólo era una pequeña parte del mismo. Y su espejismo no nos ha dejado ver la gran verdad oculta: TODO ES AMOR. Seguro que San Valentín lo sabía.

Con gratitud

Tomás Contell

 

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