Archivo mensual: marzo 2014

DESCUBRE EL PODER QUE HAY EN TÍ…

anthony-robbins-unleash-the-power-withinantony-robbinsHoy empieza en Londres el seminario de Anthony Robbins “Descubre el poder que hay en ti”. Me hubiera gustado repetirlo por tercera vez consecutiva y revivir de nuevo las experiencias, las vivencias y las emociones intensas en cada una de sus actividades. Esta noche será, como tantos otros años que viene haciendo el seminario, el paseo por las brasas encendidas. Lleva haciéndolo más de 30 años. Fue el pionero en el mundo en introducir muchas enseñanzas que luego gran cantidad de personas han ido incorporándolas en su formación personal y en la de sus equipos, empresas, organizaciones y todo tipo de instituciones.

No dejo de admirar, cuando le veo, su gran fortaleza interior (y, por supuesto, su física), cómo se mantiene en forma a sus 59 años (si no llevo la cuenta mal). Claro que, cuando le ves y escuchas, entiendes por qué razón está así. Porque su historia personal te muestra el camino de quien decide un día transformarse a sí mismo, tanto su cuerpo como su carácter, y forjarse una nueva identidad y, de esa forma, un nuevo destino.

Ya he comentado en otras ocasiones la famosa frase de que “quien siembra un pensamiento recoge una emoción, quien siembra una emoción recoge una acción, quien siembra una acción recoge un hábito, quien siembra un hábito recoge un carácter y quien siembra un carácter recoge un destino”. Pues para mí, Tony Robbins es el ejemplo viviente de la aplicación de este principio. Por supuesto que hay muchos más. Pero hoy quiero dedicar este artículo a él y su ejemplo de vida.

Se cuenta que a Tony, cuando era joven, se le veía por la playa de California correr diciéndose en voz alta, con su potente voz, frases de autoafirmaciones positivas tales como “la riqueza y la abundancia vienen a mí y me inundan completamente”. La gente que le oía no dejaba de sorprenderse, cuando no de reírse, al verle dormir en su viejo coche aparcado en la misma playa.

Su historia personal (que siempre cuenta para que la gente entienda que somos el resultado de lo que queremos ser y no de las circunstancias que nos han rodeado), pone en evidencia, al igual que las numerosas historias de otras muchas personas ejemplares, que tenemos una fuerza en nuestro interior, un poder tan ilimitado como la fe que tengamos en nosotros mismos de que eso es realmente así. A mayor creencia de que somos capaces de lograr lo que nos proponemos, mayor es el poder que descubrimos en nuestro interior que tenemos.

Como decía el otro día en mi Facebook, tanto si lo crees como si no, al final tienes razón en ello, porque lo que creas se convertirá en tu realidad, ya que tú “crearás” esa realidad desde el poder que hay en ti.

Estas afirmaciones suelen caer en saco roto, como se suele decir, en muchas mentes, en muchas personas que no creen que así es. Con lo que su creencia se convierte en la profecía que se cumple y se suelen reafirmar en que estaban en lo cierto, al ver que tenían razón al no creer, porque nada de lo que desean les ocurre. Claro que es así porque seguro que no han intentado con fe, con toda la fuerza de su interior, probar a creer de verdad en que es posible y a poner todo su empeño en lograr lo que desean.

El tema no es sencillo de explicar y menos de hacer. Por eso hay seminarios como el de Tony para explicarlo con detenimiento y dar las claves para empezar a descubrir y desarrollar nuestro poder interior. Pero les aseguro que poder, se puede. Por eso me encanta oír historias de personas que se han superado a sí mismas, que han construido su vida desde la creencia del “SÍ PUEDO”, desde el convencimiento de que podemos lograr aquello que nos propongamos si ponemos toda el poder que hay dentro de nosotros a trabajar en la dirección deseada.

Cuando era pequeño recuerdo que todos los domingos, cuando mi madre me llevaba paseando a la Iglesia para oír la Santa Misa, al regresar a nuestra casa me compraba en el kiosko una revista que se llamaba “Vidas ejemplares”. Era un comic que narraba las vidas de los santos. Y me emocionaba cuando leía cómo estas personas que habían tenido infancias en muchos casos difíciles o que habían sufrido grandes penalidades por seguir su Fé, se sentían felices dedicando su vida a lo que realmente les llenaba de satisfacción y bienestar, llegando a aceptar el destino que en muchos casos era el martirio por seguir sus ideales cristianos.

No he tenido que ir en mi vida muy lejos par darme cuenta que hay muchas vidas ejemplares a mi alrededor, personas que muestran día a día que nuestro poder interior es enorme si somos capaces de descubrirlo y ponerlo al servicio de una meta, un ideal que nos impulse a la acción.

El de Tony Robbins es seguir ayudando a mucha gente a que descubra ese poder que hay dentro de cada uno de nosotros. Y por haberme ayudado en su momento y por seguir haciéndolo a millones de personas le admiro. Aunque a quien de verdad admiro es a cada una de las personas anónimas que hacen caso de sus enseñanzas y deciden un día ponerse s a trabajar para descubrir su poder interior y actuar en consecuencia. Porque así es como juntos, como humanidad, lograremos alcanzar un mejor destino para nosotros y nuestros hijos.

Con gratitud

Tomás Contell

ENTRE EL DEBER Y EL SER…

Jesus Cuadrado PeñarrubiaLo admito. En ocasiones me abruma el no saber tantas cosas como creo debería. Y pongo el verbo “debería” que es, precisamente, uno de los verbos que más debería quitar de mi vocabulario.

Porque las cosas no deberían hacerse por “deber” por obligación, sino por el puro placer de hacerlas, de disfrutarlas sin más. No porque alguien o, incluso una voz interior, nos diga que debemos hacerlo. Sino porque surge en nosotros un impulso que nos motiva, que nos lleva a buscar aquello que realmente nos completa, nos hace sentirnos bien, nos llena de bienestar y paz interior. En definitiva, nos hace sentirnos felices.

Pero somos humanos y hemos recibido una educación que nos hace sentirnos mal cuando no hacemos aquello que nos han dicho que es lo mejor para nosotros, lo que nos conviene, lo que nos hará sentirnos felices.

Reconozco, como padre y educador, que es difícil apartar de nosotros ese impulso corrector hacia los demás, sobre todo hacia nuestros hijos. Ese impulso que nos lleva a “juzgar” desde nuestra visión del mundo sus actos, sus deseos, sus necesidades y a aconsejarles lo que “deberían” hacer. Nos puede nuestro deseo de ofrecerles lo mejor (repito, desde nuestro mapa del mundo) y nos olvidamos de respetar su propio proceso evolutivo y de ofrecerles lo que más valoran: nuestro amor y comprensión por encima de sus errores.

Así es como han construido también nuestros padres, educadores y la sociedad en general, una personalidad en nosotros que nos obliga a soportar continuamente el peso de lo que deberíamos hacer y no de lo que realmente sentimos desde lo más profundo de nuestro corazón, que es lo que realmente tendría que guiar nuestros actos.

Por eso, nos solemos sentir mal cuando no somos ricos a una determinada edad y “deberíamos haber triunfado en los negocios en lugar de haber fracasado varias veces” . O cuando no tenemos creada una familia a una determinada edad, o logrado que nuestra familia sea estable porque “deberíamos haber mantenido nuestra familia unida por encima de todo”. O cuando no tenemos estudios universitarios porque “deberíamos haber terminado una carrera universitaria para ser alguien en la vida” . O cuando no tenemos a nuestro lado un@ compañer@ con quien compartir nuestra vida porque “deberíamos tener a alguien a nuestro lado porque si no, no vamos a sentirnos completos”. Y tantos otros “deberíamos” que pueden llegar a hacer de nuestra vida un auténtico suplicio.

Por eso, nos pasamos la vida con nuestras contradicciones, haciendo en la mayoría de la veces “una de cal y otra de arena”, como digo en una de mis recientes canciones.

La cuestión es que nos sentimos excesivamente presionados para alcanzar una serie de objetivos que, en muchos casos, no los hemos elegido nosotros. Y no somos conscientes de ello hasta que nos “pasa” algo en la vida que nos obliga a pararnos, a reflexionar y a tomar conciencia de cómo estábamos malgastando nuestra vida sin un verdadero sentido.

Esto suele ocurrirnos cuando nos llega una enfermedad dura, una muerte cercana, una quiebra económica, una ruptura amorosa, un conflicto fraternal o parental, un accidente imprevisto o cualquier otra cosa que nos frena bruscamente en nuestro “debería” cotidiano.

Y es en esos momentos, cuando nos llega el “golpe”, que nos surge la sorpresa o el enfado con nosotros mismos o con los demás o incluso la desesperación que, o bien puede dar paso a la huida sin retorno, o a la depresión más profunda en la mayoría de los casos. Y, volviendo a recordar a Facundo Cabral, no tomamos conciencia de que no estamos deprimidos, sino que nuestra mente está distraída todavía repasando qué le ha pasado y buscando las claves para entender todo lo ocurrido.

Pero no hay que darle muchas vueltas. Hay que comprender que cuanto nos ocurre es para nuestro bien último, aunque no lo veamos así en los momentos más difíciles y aplicar una gran dosis de FE de que todo va a irnos bien si nos comprometemos a aprender de nuestros errores y a aplicar lo que nuestro corazón nos dice. Que seguro nos estará diciendo la cantidad de cosas buenas que podemos encontrar a nuestro alrededor y por las cuales vale la pena vivir y esforzarse en mejorar.

Y cuando mejoramos y contribuimos a que los demás mejoren, empezamos a ver que nuestra vida tiene sentido. Te invito a que lo hagas si te has visto reflejad@ en lo que he dicho. Y ya me contarás…

Con gratitud

Tomás Contell

Smiley face
* Campos obligatorios