Archivo mensual: julio 2014

COMPARTIR CON LA RED SOSTENIBLE Y CREATIVA

75940_818334914858160_7383139117040528667_nEl sábado pasado 5 de julio fue un día que dediqué a descubrir, compartir y disfrutar. La Red sostenible y creativa organizó en el viejo cauce del río Turia su primer mercadillo solidario donde cada persona que colabora con la Red o desea libremente adherirse a su filosofía y actividades, podía incorporarse y participar.

Me propuse una vez más (ya lo había hecho en una anterior ocasión con motivo  de la celebración del primer encuentro “Educando para una nueva realidad” celebrado el pasado 29 de marzo) compartir mis canciones con los asistentes y disfrutar de su compañía y generosidad.

Lo primero que me sorprendió fue descubrir, en un espacio tan cercano al bullicio de la ciudad de Valencia, a su continuo fluir de coches y personas que visitan nuestra ciudad en estas fechas y quienes suelen bajar al río a practicar numerosas actividades deportivas, un lugar verde, tranquilo, rodeado de árboles de diferentes procedencias, con la frescura de un sombraje que invitaba al reposo y la contemplación.

Tenía que tomar conciencia de vez en cuando de que estaba en pleno corazón de la ciudad de Valencia y no dejaba de sorprenderme de cómo es posible que tantas personas puedan hacer su vida al margen de lo que un pequeño espacio de la naturaleza puede estar brindándoles allí.

Suele ocurrir en nuestras vidas que lo mejor que tenemos es gratis y está fácilmente a nuestra alcance, pero ni nos damos cuenta de ello ni, en la mayoría de los casos, lo valoramos suficientemente. Deberíamos pararnos a pensar en ello y a darnos nuestro tiempo para tomar conciencia de esa realidad. Seguro que viviríamos más relajados y felices.

Pues este espacio lleno de energía y belleza fue llenándose con la sencillez, la humildad, la generosa complicidad de quienes decidieron compartir sus dones, sus habilidades, su saber hacer en diferentes áreas de la vida. Se nos mostraba cómo hacer el pan de los exentos; a “empoderarnos” para acometer cualquier reto en nuestras vidas; a cuidar y mejorar nuestra salud; a disfrutar de un buen masaje ayurbédico; a conocer los secretos que ocultan las cartas de los animales; a aprender yoga; a escuchar los consejos de un coach; a comprar o intercambiar objetos hechos a mano, etc.

Y allí, en torno a la sombre del Ombú (también llamado Bellasombra, árbol procedente de Sudamérica que suele ser muy longevo si bien no se puede predecir su edad debido a la carencia en el tronco de los anillos anuales de crecimiento) y los demás árboles mediterráneos que le acompañan, fuimos disfrutando de cuanto cada uno de los asistentes quiso regalar a los demás.

Lo más valioso, como siempre, la sonrisa, el cariño, los abrazos, los aplausos y la gratitud de quienes desde el corazón, no tienen más deseos que sentir que lo mejor de la vida ya está en cada uno de nosotros y es gratis. Descubrirlo ya depende de cada uno, de su viaje interior, de su proceso de autodescubrimiento, de las experiencias de su vida y del aprendizaje que hace de ellas.

No se puede decir a quien no puede ver, que vea lo que hay a su alrededor; o a quien no oye que escuche las voces o los sonidos de cuanto le rodea. Decía Jesucristo que “quien tenga ojos para ver que vea y quien tenga oídos para oir que oiga”. Todos tenemos ojos y oídos, pero no todos sabemos utilizarlos correctamente para ver la realidad de la vida y escuchar y recibir en nuestro corazón las verdades que se nos manifiestan. Pero todos estamos llamados a utilizarlos adecuadamente para descubrir lo que se nos está revelando continuamente.

A veces rechazamos salir de nuestra zona de confort y adentrarnos en experiencias nuevas por el miedo al qué dirán los demás, a que nos cataloguen de una u otra forma, a descubrir algo que pueda tambalear nuestras creencias profundas (aunque éstas ya no nos estén sirviendo para ser felices). Estamos demasiado acostumbrados a juzgar, a criticar, a interpretar lo que los demás hacen o dicen y nos olvidamos de simplemente “sentir”, relajarnos y disfrutar de lo bueno que cada uno pueda aportar y agradecer sin más todo lo que el Universo, en su inmensidad y complejidad pone a nuestro alcance para que podamos enriquecernos y enriquecer con ello a los demás.

Para mí fue una experiencia gratificante cantar algunas de mis canciones en un escenario tan precioso como sencillo, natural y grandioso a la vez. Recordaba mi etapa como scout cuando bajo la luz de la luna y de la hoguera (que entonces sí podíamos hacer en nuestras acampadas) cantábamos nuestras canciones que nos hacían revivir nuestras experiencias y soñar con un mundo donde la solidaridad, el compañerismo, la honradez, la sencillez, la superación, la valentía y el respeto por la naturaleza y el ser humano se conviertan en el pan nuestro de cada día.

Gracias a la Red Sostenible y Creativa por haberme dado esta vivencia.

Con gratitud

Tomás Contell

 

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