Archivo mensual: octubre 2014

SOBRE EL AMOR Y EL VICTIMISMO

imagenesdeamor12Nunca me he considerado experto en nada. Y menos en el Amor. Aprendiz de muchas cosas sí y enamorado del Amor también. Siempre ha sido una fuerza que me ha impulsado a hacer cosas que unos calificarían de grandezas y otros de estupideces. Pero era el corazón y no la razón quien me impulsaba a hacerlas. Luego descubres, con el paso del tiempo que, como decía Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Y acabas siguiendo al corazón porque por mucho que razones tus decisiones, siempre es un impulso emocional el que te lleva a hacer las cosas. Y se dice que el lugar donde se ubican nuestras emociones es el corazón. Esa zona en nuestro pecho que se expande cuando el amor nos llena y se comprime cuando el dolor por la pérdida de lo que amamos nos contrae y oprime.

Siempre he sido y me considero un “buscador”. Todos lo somos en mayor o menor medida. Lo que ocurre es que, en nuestro proceso de búsqueda, adoptamos estrategias diferentes, tenemos ritmos diferentes, intensidades diferentes, buscamos por lugares diferentes y encontramos respuestas diferentes. Todas nos resultan válidas si con ellas descubrimos algo que nos llena, nos aporta bienestar y felicidad. Hasta que descubrimos que lo hallado y vivido no nos llena suficientemente, que nos sentimos de nuevo incompletos, faltos de “algo” que no sabemos bien definir pero que nos crea intranquilidad, desasosiego, malestar e infelicidad. Y de nuevo nos convertimos en buscadores inconscientes de esa felicidad que se nos vuelve esquiva.

Y de nuevo, como en un bucle repetitivo, empezamos a mirar hacia otro lado como si buscáramos encontrar fuera de nosotros aquello que sentimos nos falta en nuestro interior y nos hace incompletos. Y dejamos de prestar atención a la persona o personas con las que compartimos nuestra vida o nuestros mejores momentos; nos vemos faltos de energía, de motivación, nos sentimos desasosegados, ansiosos, molestos con nosotros y con el mundo porque nuestra atención se vuelve dispersa, no entendemos qué nos pasa y empezamos a culpar a los demás de cuanto nos ocurre.

Culpamos a la pareja que nos ha abandonado porque ya no nos ama, al amante que ha dejado de sentirse apasionado, al amigo que ha decidido “explorar” otros caminos, a los astros porque ya no nos son favorables, al desempleo que nos impide sentirnos “útiles” con nuestro trabajo, a la edad porque su peso nos hace sentirnos más impotentes para luchar por lo que queremos, a la situación política porque no nos facilita las cosas, a la crisis económica porque no nos da oportunidades y a tantas otras cosas que no nos damos cuenta de que no hacemos sino justificar nuestros propios errores, nuestra incapacidad para encontrar por nosotros mismos un camino hacia nuestra propia mejora personal, hacia nuestra excelencia.

Y nos convertimos en víctimas.

En la vida te encuentras a muchas personas que se consideran víctimas. Víctimas del desamor; víctimas del abandono de la persona en quien pusieron toda su confianza y su esperanza de una vida mejor; víctimas de un jefe abusivo o explotador; víctimas de una crisis que se llevó por delante su trabajo o su empresa; víctimas de unos padres que no les amaron suficientemente o de una familia desestructurada; víctimas de una educación que les “castró” mental y emocionalmente; víctimas de haber amado a una persona que no les correspondió y les dañó su autoestima. Víctimas…

Víctimas son quienes realmente sufren un daño o perjuicio causado por una acción u omisión cuya culpa se atribuye a otra persona o a circunstancias externas. Pero ese daño es casi siempre subjetivo y en muchas ocasiones no ha sido intencionado por quien lo ha causado. Por eso más bien deberíamos hablar de “victimismo” para expresar la manera de comportarse de muchas personas ante lo que les ocurre y de cómo hacen frente a las situaciones de la vida. Porque el victimismo es esa tendencia de muchas personas a considerarse víctimas o a hacerse pasar como tales. El victimista se suele disfrazar por tanto de víctima, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo o desprecio inexistente; y/o responsabilizando erróneamente al entorno o a los demás.

El victimismo está demasiado presente y arraigado en nuestra sociedad, impidiendo que veamos la verdadera cara de nuestra realidad. Esa cara que nos haría ver que hemos adoptado una actitud ante la vida y sus acontecimientos que nos impide reaccionar y comportarnos como seres “especiales” que somos, con capacidades y dones que nos pueden permitir vivir nuestras experiencias desde una perspectiva totalmente diferente, más positiva y más armonizada con nuestro verdadero Ser.

A menudo hay situaciones en las que, en una relación de pareja, alguien empieza a sentirse desmotivado o falto de ilusión por seguir con esa relación que no le hace sentirse feliz. Bien porque no le llena, bien porque no siente que le aporta a su crecimiento personal, o porque desea “explorar” otras posibilidades que le puedan enriquecer más como ser humano, o por las razones que sea. Y nuestro “victimismo” nos hace interpretarlas en clave totalmente negativa y destructiva. Y, en esa clave interpretativa victimista, se acaban diciendo frases como: “tú nunca me has querido”, “yo no he significado nunca nada para ti”, “tu nunca te has sentido enamorado/a de mí” ,“ tú no te has sacrificado en nuestra relación como yo lo he hecho”, “nunca he significado nada para ti”, “nunca te has sentido orgulloso/a de mí”, “todo cuanto he hecho lo he hecho por ti”, etc.

Creo que reconoceréis el comportamiento victimista porque todos lo hemos practicado más de una vez. Y usamos esas frases, tan contundentes como falsas, pues encierran palabras que son en sí mismas una “trampa” para nuestro inconsciente, sin darnos cuenta de que nos hacen verlo todo desde una perspectiva totalitaria y absolutista, que no es real, provocando emociones y sentimientos autodespreciativos, autolimitantes, autodestructivos, convirtiéndonos nosotros mismos sin saberlo en nuestros propios verdugos. Y no nos damos cuenta del peso de nuestras propias palabras: ¿nunca?, ¿siempre? ¿nada? ¿todo?.

Porque lo vivido nunca es tan absoluto como lo vemos desde una perspectiva victimista. Porque esta manera de enfocar lo que nos ocurre nos impide ver con objetividad lo vivido e interpretarlo en clave positiva sacando conclusiones que nos ayuden a aprender y a mejorar en nuestras futuras relaciones. Porque si hemos amado de verdad a quien, por los motivos que sea, quiere explorar otros caminos, debemos desearle de corazón lo mejor en su caminar; porque nunca nadie se va para siempre ni nos deja, ya que lo vivido siempre nos acompaña; porque si hemos sabido aprender de lo vivido, seremos mejores personas de lo que éramos antes y eso nos hará sentirnos más plenos, más auténticos, más sanos emocionalmente, más “empoderados”, es decir, con más capacidad y poder interior para hacer frente a lo que la vida nos presente.

Deseo de corazón a quienes han practicado el victimismo que tomen conciencia de ese estado y busquen la manera de salir de él. Yo lo hice hace tiempo, aunque me costó mucho, lo reconozco. Y sigo observándome día a día para no practicar el victimismo, porque es fácil caer en él y porque nos atrapa sin darnos cuenta. Pero a los primeros síntomas huyo como quien de una enfermedad mortal se tratase. Porque sus efectos son destructivos, letales y la recuperación muy costosa e incierta. Como siempre, debemos estar vigilantes de nuestros pensamientos, porque ellos determinan nuestras emociones. Y también de las palabras que decimos, porque expresan lo que pensamos y nos hacen tomar conciencia entonces de la calidad de nuestros pensamientos.

Se dice que no hay víctima sin verdugo. Pero en el victimismo somos nosotros mismos nuestros propios verdugos y no nos damos cuenta de ello.

Con gratitud

Tomás Contell

Smiley face
* Campos obligatorios