Archivo mensual: marzo 2015

SOMOS DUALIDAD

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“Gracias a la vida que me ha dado tanto….”

Así decía la canción de Alberto Cortez. Así digo muchas veces cuando siento que me estoy perdiendo, por las cosas que me ocurren, la verdadera visión de lo que la vida me ha dado y me sigue ofreciendo. Solemos centrarnos en la carencia, en lo que no nos gusta, en lo que no sabemos o podemos hacer, en nuestra falta de habilidad para ciertas cosas, en los objetivos que no hemos alcanzado y, a fuerza de focalizarnos en todo esto, perdemos la verdadera visión de la realidad que hemos vivido y acabamos por maldecir la vida que tenemos en lugar de bendecirla por todas las cosas buenas que nos ha dado.

Oí decir a alguien hace tiempo, cuando comentábamos de la pérdida de un ser querido, que muy pocas veces damos las gracias a la vida por habernos dado la oportunidad de haber compartido el tiempo que la vida nos dio con ese ser querido. Lamentamos su pérdida, el que ya no esté con nosotros. Y nos olvidamos de dar las gracias porque el Universo nos dio la oportunidad de conocerle y amarle. Imaginad la vida sin los seres queridos, si haberles conocido siquiera el poco tiempo que hubiese sido. Seguro que al final reconoceríamos que ha sido mejor conocer y compartir lo vivido antes que no haber tenido esa oportunidad.

Reconozco que en mis deseos de no implicarme demasiado emocionalmente para no tener que sentir el dolor de la pérdida o el temor del rechazo, he ido configurando una personalidad que, si bien me permite sentir más paz y bienestar, también me ha podido llevar en ocasiones a perderme la emoción del riesgo y la pasión que conlleva vivir intensamente las emociones.

Progresamos en la vida analizando las ventajas de actuar y ser de una forma u otra. Y al final tratamos de adoptar aquella forma de vivir que pensamos nos hará ser mas felices, tener más equilibrio, bienestar y paz interior. Eso es algo que a mí me motiva sobremanera, porque mi vida ha sido siempre más pasional y menos equilibrada. Pero, a fuerza de buscar y encontrar el equilibrio, olvidamos que la vida, en su misma esencia, es un constante ir y venir de la estabilidad a la inestabilidad, del equilibrio al desequilibrio, del bienestar a la intranquilidad. Por eso en las culturas orientales, más desarrolladas por sus milenarias enseñanzas, nos trasmiten mensajes para armonizar esta dualidad, esta dicotomía, a través de la renuncia a nuestro ego, del descubrimiento de la no-necesidad, de las ventajas de “distanciarnos” de cuanto nos pueda atraer y apartar de nuestra esencia divina.

Yo lo creo, lo sigo y hago de ello una forma de entender mi vida y de progresar como ser humano. Pero reconozco que la vida se nos ha dado como una oportunidad de descubrir nuestra dualidad y encontrar la manera de convivir con ella, de disfrutar de lo que nos ofrece y ser capaces de movernos por la vida tomando conciencia de ello, pero disfrutando también de esa dualidad. Porque, ¿tiene sentido que por alcanzar en esta vida un elevado grado de desarrollo espiritual nos perdamos vivir las emociones que comportan actos que son propios de nuestra condición humana. Se nos cuenta que Jesucristo fue Dios y Hombre, al mismo tiempo. La gran dualidad que todos tenemos. Pero poco se nos ha dicho de lo que vivió como hombre y de cómo consiguió el equilibrio entre esas dos realidades.

Estas reflexiones me vienen porque algunas personas que me conocen me dicen que a veces me ven como demasiado apartado de la realidad cotidiana que viven el resto de las personas. Hasta me da pudor decirlo que me ven como un poco más evolucionado. ¿Yo más evolucionado? ¡Dios mío, si sólo me veo como un ser que sigue buscando la manera de compaginar la gran dualidad que tenemos porque sigo sintiéndome perdido en muchas ocasiones! ¿O será que me lo dicen porque ven que dejo menos espacio a las emociones y me paso de actuar como un observador?

Si me sigues leyendo y quieres sacar algún provecho de lo que escribo te diría que busques la manera de vivir intensamente cuanto hagas, que busques el equilibrio entre pensar y actuar, observar e implicarte, amar sin miedos y rechazar lo que no te gusta sin sentirte culpable, vivir con pasión y vivir sin sentirte apegado, amar sin necesitar y amar sintiendo la necesidad de estar con el ser amado, llorar y reir, gritar y callar, ser generoso y ser egoísta, ser disciplinado y saber saltarte la disciplina, … En fin, puedes añadir tú cuantas dualidades se te ocurran. Porque el Universo es dualidad y la vida que vivimos también lo es. Vida y muerte. Nacer y morir.

¿Por qué no vamos a comprender que así son las cosas y que cuanto antes conozcamos el juego mejor lo podremos practicar y ser felices?

Voy a ver si me aplico más esta reflexión y me doy a mi mismo licencia para ponerla en práctica sin sentirme culpable por nada. Te lo recomiendo también.

Con gratitud

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