CADA DÍA SOMOS MAS… CON ÁNGEL LÓPEZ

angellopez2-300x300Hace unos días escuché a Ángel López en una conferencia que dio en Valencia, con motivo de dar a conocer el seminario del 18 y 19 de julio que ofreció en la sala Flumen de Valencia, al que también tuve el placer de asistir. Le conocí hace unos años cuando compartimos experiencias en Londres con Toni Robbins en el 2012. Ya había asistido Ángel a otro seminario en Rímini del que está siendo su principal inspirador, Tony Robbins, para llevar a cabo su curso intensivo “Creadores del destino”.

Cada día disfruto más cuando me encuentro con personas que se están convirtiendo en la “mejor versión de ellas mismas”. En otros momentos de mi vida, cuando veía a personas mejorar sus facetas, bien personales o profesionales, se me generaban ciertas emociones que iban desde la admiración por sus logros por una parte, hasta un cierto sentimiento de inferioridad en mí, por otra parte, por no estar alcanzando un nivel superior como ellos/as en aquellas habilidades que también reconozco que poseo, pero que no las estoy llevando a un nivel de mayor excelencia.

Ahora no es así. Ahora me estimula ver cómo crecen las personas, cómo contribuyen a mejorarse a sí mismas y a su entorno, cómo crean puentes de experiencias e intercambios de aprendizaje para que los demás puedan hacer suyos sus propios logros, cómo se está generando una “cultura” individual de que todos somos “UNO” y que nuestro compromiso personal de mejora hará que este mundo sea un lugar mejor donde vivir. Ahora siento que la humanidad, como tal, empieza realmente a entender que la verdadera transformación del ser humano se producirá cuando cada uno de nosotros saquemos a flote lo mejor de nosotros mismos.

Ahora me siento engrandecido cuando veo que personas como Ángel sienten que su misión es “despertar” conciencias, lo que les hace sentirse grandes ante ellos mismos, pero también ante mí y los demás, haciendo que esa grandeza me estimule a seguir en el camino de descubrir la mía propia. Ahora disfruto, de verdad, compartiendo experiencias con personas mejores que yo sin que surja ese sentimiento de insatisfacción por no verme como me gustaría ser. Será porque ya me siento en el camino hacia la mejora personal y todo me estimula y todo lo veo como una oportunidad para seguir aprendiendo y mejorando.

Decía nuestro mutuo maestro Fernando Moreno, cuyo tránsito a un nivel superior de consciencia nos sigue motivando a ambos a aplicar sus enseñanzas, que no dejáramos de leer repetidas veces el librito de Wallace D. Vates “La ciencia de hacerse rico” y practicar sus enseñanzas. Y una de ellas, que la comentaba con Ángel, dice que el Universo es cooperativo y no competitivo y que cuando entendemos que tanto la riqueza como cualquiera de los dones que nos han sido dados son inagotables y que debemos “explotarlos” para nuestra felicidad, descubrimos cuántas personas y circunstancias se van a ir armonizando en nuestras vidas para que hagamos realidad esa verdad.

Cooperar es la clave, sentir que, todos juntos caminando en la dirección de descubrir nuestra grandeza, hará que nos sintamos libres y poderosos y que cuando veamos a alguien a nuestro lado crecer y contribuir, sintamos que con el aumento de la vibración de su grandeza personal, nos vamos a enriquecer todos los demás. Y que, si nos sentimos menos que otros, es porque todavía no hemos despertado a un nivel de conciencia personal en el que estamos llamados también a vibrar y descubrir nuestros dones y llevarlos a niveles superiores de desarrollo.

Gracias Ángel por lo que veo en tí, por tu compromiso adquirido de crecer sin límites y ofrecer a los demás la mejor versión de ti mismo, por tu espíritu de superación y esfuerzo que te ha llevado a vencer cuantos obstáculos se han interpuesto en tu camino, por tu misión de despertar consciencias y contribuir al crecimiento personal de los demás.

Cada día encuentro más y más personas en esta dirección. Cada día siento que como humanidad lo estamos haciendo mejor y que, si no tenemos en ocasiones esa sensación, es porque los que no están alineados en esa dirección, si bien son minoría, hacen mas ruido, su negatividad es más vitoreada y se da a conocer más que las buenas obras que diariamente se producen en el mundo.

Pero, de cada uno de nosotros depende cambiar esa realidad, mostrando a los demás con nuestra actitud, con nuestra sonrisa permanente, con nuestro corazón lleno de amor, que lo estamos haciendo bien y que los resultados ya empiezan ya a notarse.

Con gratitud

Tomás Contell

Sobre el AMOR y el desamor

Dios es amor1Queridos lectores:

Hoy, domingo 25 de julio, siento la necesidad de escribir de nuevo. Me agrada poder volver a hacerlo y sentirme motivado a ello. Aunque la razón que me impulsa sea el resultado de un sentimiento de desamor. Pero cualquier motivo es bueno si a lo que te lleva es a algo bueno. Es decir, no importa lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre.

Y si analizo lo que acabo de llamar “desamor”, descubro que no es del todo cierto, porque lo que llamo desamor y todo el mundo podría entender como la falta de amor o afecto a una persona o cosa, que puede llegar a provocar hasta un sentimiento de desagrado y rechazo, a mi entender es simplemente el resultado de un proceso por el que el AMOR, (con toda la extensión de la palabra, ese AMOR que va más allá de nuestro concepto social y pobre de lo que realmente es), no ha podido vencer las barreras que se le han planteado para seguir avanzando en su camino hacia la perfección y han vencido otras circunstancias que han provocado ese bloqueo o freno que he venido a llamar “desamor”.

Y me hace reflexionar, como muchas otras cosas en la vida, el sentir ese desamor como un freno a un proceso que me parecía especialmente importante por lo que personalmente creía ver en él. Pero claro, en todo proceso, vinculado además a 2 personas, no sólo cuenta el mapa de mi mundo, sino el de la otra persona. Y, como suele ocurrir, proyectamos en los demás nuestras propias creencias y expectativas y olvidamos que los otros hacen lo propio. Y de lo que los demás proyectan poco llegamos a conocer porque sólo lo hacemos por lo que nos dicen o intuimos. Conclusión: llega el desamor como resultado de una falta de sincronización entre lo percibido y lo vivido por cada una de las partes. Hasta ahí creo que no digo nada nuevo, porque quien más o quien menos ha vivido situaciones similares a lo largo de su vida. Lo que cuenta es qué hace cada parte ante una situación como ésta. Porque la casuística es muy variada.

Los hay que deciden plantarle cara a la situación, analizar qué está pasando, dónde pueden estar esos frenos al AMOR, esos bloqueos y comprometerse de nuevo a avanzar y considerar lo ocurrido como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Los hay que viven ese proceso de manera individual, haciendo su análisis personal sin compartirlo con nadie o haciéndolo en términos de reproche a la otra parte, acumulando emociones negativas que cuando las descargan suenan a torpedos dinamitadores de la relación sin tomar conciencia de que son manifestaciones de un “ego” dolido que no ha aprendido a amar de verdad. O, en esta misma dirección, están los que además buscan en personas cercanas descargar las quejas de su “ego” sin darse cuenta que lo que van a recibir de esas personas es el eco de su propia queja aumentado y desproporcionado que les va a llevar a decisiones que no les van a ayudar a crecer porque volverán a repetir los mismos errores hasta que aprendan la verdadera lección de vida que tienen que aprender.

Pero todo esto no es más que tratar de analizar un proceso que cada cual vive a su manera y que al final nadie está acertado o equivocado, porque cada uno toma sus decisiones desde el convencimiento de que eso es lo mejor para él/ella. Y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo así y a explorar el camino elegido.

Pero, ¿qué pasa cuando una de las partes siente que la otra persona ha tomado una decisión que, según su punto de vista, no sólo no es la adecuada para el problema o reto planteado sino que, además, le provoca un claro sentimiento de pérdida del ser amado, de abandono de una relación en la que había puesto tanto de sí mismo, de expectativas de crecimiento mutuo, de un futuro compartido, de caminar juntos por la vida como amigos, amantes y cómplices de los descubrimientos que la vida les pudiese presentar, etc., etc.? Pues sólo cabe una palabra para este sentimiento y es ACEPTAR. Y de eso voy a hablar, porque no todo el mundo entiende bien su significado.

Puedes aceptar porque no tienes más remedio, pero en el fondo de tu ser te sientes profundamente triste, dolido, abandonado, con sentimientos que van desde una baja autoestima hasta la sensación de autodesprecio, pudiendo llegar a generar sentimientos de rabia e incluso odio hacia quien ha provocado tales emociones. Pero esto no es aceptar, esto es precisamente todo lo contrario de lo que ocurre cuando realmente aceptamos. Si estas emociones están presentes lo que hay es más bien una falta de respeto hacia la decisión de la otra parte, una falta total de amor hacia la persona que ha decidido seguir su camino sin ti. Porque el verdadero amor busca siempre hacer lo mejor para la otra persona, pero nadie mejor que la otra persona sabe lo que le conviene. Por lo que, si no le convienes tú, entonces debes hacer el gran ejercicio de humildad y amor que consiste en aceptarlo e incluso bendecirlo, porque será la mejor manera de demostrar a la otra persona que realmente la amabas.

Claro que, esto es muy bonito de decirlo en palabras. Pero, ¿y aplicarlo? ¿Es realmente fácil de aplicar? Pues claro que no. Nuestro “ego”, nuestra mente que nos está haciendo recordar tantos momentos buenos vividos nos somete a continuas pruebas diciéndonos que no quiere renunciar a todo lo bueno vivido, que quiere más, que quiere revivir otra vez todos esos momentos maravillosos, que tiene miedo de no volver a sentir lo mismo, que le da pánico la soledad o el pensar si podrá volver a amar de nuevo, que cómo es posible que de nuevo haya fallado en la relación y no haya podido mantenerla, etc. Y también nuestra misma mente, en un ejercicio que se suele escapar a nuestro control, se pasa al lado oscuro del reproche, de la crítica destructiva, de ver todo lo negativo de la otra persona en un intento de hacerla ver peor de lo que era y así llegar a rechazarla e incluso odiarla, pensando que de esta forma sufrirá menos por el abandono al que se ha visto sometido.

Pero ninguna de estas formas de actuar de nuestra mente nos ayudará a vivir el proceso de lo que deberíamos llamar “evolución” y “crecimiento” de las personas. Porque todo al final son procesos que decidimos unilateralmente o de mutuo acuerdo vivir para descubrir toda la grandeza que hay escondida en nosotros y que, en determinados momentos sentimos que la otra persona con la que estábamos caminando juntos por la vida ya no nos aporta lo suficiente como para seguir juntos y queremos entonces explorar otras alternativas. Pero cuando no hay acuerdo mutuo en esta forma de verlo, e incluso habiéndolo, no es nada fácil iniciar un nuevo proceso sin que afloren las emociones que antes he descrito.

A mí me está ayudando, no sin pasar por momentos muy complicados donde la mente me juega malas pasadas, el pensar que si Dios (bien el Dios cristiano o, las muchas otras formas de referirnos a Él como el Creador, la Mente Primigenia, la Sustancia Creadora, la Energía Pensante, etc) en un momento de mi vida puso en mi camino a la persona que he llegado a amar profundamente, por la misma razón u otras que no puedo llegar a comprender, ha decidido también que se aparte de mi camino o que nuestros caminos sigan por rumbos diferentes. Y en ambos casos debo ACEPTAR y AGRADECER por todo lo vivido y CONFIAR plenamente que todo cuanto me ocurre es para mi BIEN final. A quienes escuchan mis canciones les remito a la canción de “La Causalidad” que dice en el estribillo: “Todo cuanto nos ocurre tiene su significado. Aprender a interpretarlo es lo que más nos va a costar. Cuanto antes encontremos esa llave del secreto, más pronto el tesoro abrimos de la felicidad”.

Yo voy a trabajar, y lo aconsejo a quienes están o han pasado por procesos similares de lo que no me gusta llamar “desamor”, para que cada pensamiento, cada emoción que surja desde mi interior sea para agradecer y bendecir cuanto me ha ocurrido, con el firme convencimiento de que si el Creador me lo dió y ahora me lo quita es porque me conviene, aunque no lo entienda ni lo vea en estos momentos así. Recuerdo unas palabras del “Libro de Job” cuya lectura recomiendo y que ya hice en procesos anteriores de mi vida similares (buscar en la Biblia “Introducción a los Libros Sapienciales”, Job cap. 5 ), que dice así: “ Dichosa la persona a quien Dios corrige. No desprecies su lección, porque hiere y pone la venda, golpea y Él mismo sana, te libra seis veces de la angustia y una séptima te evita el dolor.”

Así que, os invito a saludar este día, y cada momento del día con AMOR en vuestro corazón. Ese es el gran PODER que hay en nosotros y que confundimos con las muchas manifestaciones que de él observamos: amor fraternal, amor de pareja, amor de amigos, amor al dinero, a la fama, al sexo, a la belleza, a la juventud, a la fuerza física, al cuerpo, a la naturaleza, a la sabiduría y tantas otras formas simples en que se manifiesta. Pero si llegamos a descubrir la verdadera esencia del AMOR, tenemos una PODER que todo lo supera. Pero como decía Pierre Teilhard de Chardin “El Amor es la energía más poderosa y, sin embargo, la más desconocida del mundo”. ¿Será por eso que la vida nos ofrece continuamente experiencias para poder llegar a descubrirlo de verdad?

Con gratitud

Tomás Contell

SOMOS DUALIDAD

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“Gracias a la vida que me ha dado tanto….”

Así decía la canción de Alberto Cortez. Así digo muchas veces cuando siento que me estoy perdiendo, por las cosas que me ocurren, la verdadera visión de lo que la vida me ha dado y me sigue ofreciendo. Solemos centrarnos en la carencia, en lo que no nos gusta, en lo que no sabemos o podemos hacer, en nuestra falta de habilidad para ciertas cosas, en los objetivos que no hemos alcanzado y, a fuerza de focalizarnos en todo esto, perdemos la verdadera visión de la realidad que hemos vivido y acabamos por maldecir la vida que tenemos en lugar de bendecirla por todas las cosas buenas que nos ha dado.

Oí decir a alguien hace tiempo, cuando comentábamos de la pérdida de un ser querido, que muy pocas veces damos las gracias a la vida por habernos dado la oportunidad de haber compartido el tiempo que la vida nos dio con ese ser querido. Lamentamos su pérdida, el que ya no esté con nosotros. Y nos olvidamos de dar las gracias porque el Universo nos dio la oportunidad de conocerle y amarle. Imaginad la vida sin los seres queridos, si haberles conocido siquiera el poco tiempo que hubiese sido. Seguro que al final reconoceríamos que ha sido mejor conocer y compartir lo vivido antes que no haber tenido esa oportunidad.

Reconozco que en mis deseos de no implicarme demasiado emocionalmente para no tener que sentir el dolor de la pérdida o el temor del rechazo, he ido configurando una personalidad que, si bien me permite sentir más paz y bienestar, también me ha podido llevar en ocasiones a perderme la emoción del riesgo y la pasión que conlleva vivir intensamente las emociones.

Progresamos en la vida analizando las ventajas de actuar y ser de una forma u otra. Y al final tratamos de adoptar aquella forma de vivir que pensamos nos hará ser mas felices, tener más equilibrio, bienestar y paz interior. Eso es algo que a mí me motiva sobremanera, porque mi vida ha sido siempre más pasional y menos equilibrada. Pero, a fuerza de buscar y encontrar el equilibrio, olvidamos que la vida, en su misma esencia, es un constante ir y venir de la estabilidad a la inestabilidad, del equilibrio al desequilibrio, del bienestar a la intranquilidad. Por eso en las culturas orientales, más desarrolladas por sus milenarias enseñanzas, nos trasmiten mensajes para armonizar esta dualidad, esta dicotomía, a través de la renuncia a nuestro ego, del descubrimiento de la no-necesidad, de las ventajas de “distanciarnos” de cuanto nos pueda atraer y apartar de nuestra esencia divina.

Yo lo creo, lo sigo y hago de ello una forma de entender mi vida y de progresar como ser humano. Pero reconozco que la vida se nos ha dado como una oportunidad de descubrir nuestra dualidad y encontrar la manera de convivir con ella, de disfrutar de lo que nos ofrece y ser capaces de movernos por la vida tomando conciencia de ello, pero disfrutando también de esa dualidad. Porque, ¿tiene sentido que por alcanzar en esta vida un elevado grado de desarrollo espiritual nos perdamos vivir las emociones que comportan actos que son propios de nuestra condición humana. Se nos cuenta que Jesucristo fue Dios y Hombre, al mismo tiempo. La gran dualidad que todos tenemos. Pero poco se nos ha dicho de lo que vivió como hombre y de cómo consiguió el equilibrio entre esas dos realidades.

Estas reflexiones me vienen porque algunas personas que me conocen me dicen que a veces me ven como demasiado apartado de la realidad cotidiana que viven el resto de las personas. Hasta me da pudor decirlo que me ven como un poco más evolucionado. ¿Yo más evolucionado? ¡Dios mío, si sólo me veo como un ser que sigue buscando la manera de compaginar la gran dualidad que tenemos porque sigo sintiéndome perdido en muchas ocasiones! ¿O será que me lo dicen porque ven que dejo menos espacio a las emociones y me paso de actuar como un observador?

Si me sigues leyendo y quieres sacar algún provecho de lo que escribo te diría que busques la manera de vivir intensamente cuanto hagas, que busques el equilibrio entre pensar y actuar, observar e implicarte, amar sin miedos y rechazar lo que no te gusta sin sentirte culpable, vivir con pasión y vivir sin sentirte apegado, amar sin necesitar y amar sintiendo la necesidad de estar con el ser amado, llorar y reir, gritar y callar, ser generoso y ser egoísta, ser disciplinado y saber saltarte la disciplina, … En fin, puedes añadir tú cuantas dualidades se te ocurran. Porque el Universo es dualidad y la vida que vivimos también lo es. Vida y muerte. Nacer y morir.

¿Por qué no vamos a comprender que así son las cosas y que cuanto antes conozcamos el juego mejor lo podremos practicar y ser felices?

Voy a ver si me aplico más esta reflexión y me doy a mi mismo licencia para ponerla en práctica sin sentirme culpable por nada. Te lo recomiendo también.

Con gratitud

SOBRE EL AYUNO Y OTRAS CUESTIONES

AyunoEn ocasiones nos olvidamos de hacer aquellas cosas que sabemos nos convienen y no obstante las dejamos de hacer por razones que sabemos son sólo excusas. Porque siempre encontramos excusas para justificar lo que no queremos hacer porque supone un esfuerzo para vencer la inercia de la comodidad, la rutina o una cierta dejadez o abandono.

Pero cuando hemos aprendido que lo que nos conviene no debemos dejar de hacerlo, se disparan en nuestro interior mecanismos que nos alertan de que no tenemos que descuidarnos, de que debemos estar alertas. Como cuando Jesucristo les decía a sus discípulos en el huerto de los olivos, conocedor de que se acercaba su hora de mayor sufrimiento, las famosas palabras de “velad y orad para no caer en tentación”.

¿Por qué dejamos de hacer aquello que hemos aprendido que es lo mejor para nosotros, lo que nos ayuda a seguir creciendo, a sentir que es el mejor camino para seguir contribuyendo a nuestro desarrollo personal y al de los que nos rodean? Sólo encuentro la respuesta al considerar la propia naturaleza humana, al analizar que estamos hechos de cuerpo, mente, alma y espíritu. Y no voy a entrar en aclaraciones de si la diferenciación hecha es correcta en su totalidad, porque quiero centrarme en la parte que se refiere a nuestra consideración humana. La parte física, la material, la referida a nuestro cuerpo y sus necesidades, junto con la mente responsable de los procesos generadores de pensamientos.

Estoy ayunando desde la noche de reyes en que comí por última vez, tomando exclusivamente líquidos (agua con limón, te con miel y algún café, pero siempre con bastante agua alcalina). Espero terminar hoy mi tercer día de ayuno. Es algo que aconsejo a quienes me leen de que lo hagan periódicamente. Que se documenten, que decidan hacer el sistema que mejor les vaya, pero que recurran al ayuno como una forma de “limpiar” el cuerpo, pero también la mente.

Es curioso que en la historia de la humanidad nos hemos encontrado a numerosos líderes, pensadores y grandes profetas (Buda y Jesucristo como los más documentados) que no iniciaron su predicación hasta haber ayunado un período considerable de días. La razón sólo se puede comprender cuando realizas estos ayunos. Todos te dicen que el cuerpo se libera de toxinas, se limpia y que la mente empieza a ver las cosas con más claridad llegando incluso a afirmarse que se pueden tener hasta “alucinaciones”. Eso siempre me ha chocado, porque ¿acaso muchas de las llamadas alucinaciones no son como visiones que se llegan a tener a través de estados alterados de conciencia provocados por la ingesta de drogas u otro tipo de alucinógenos? Y si es así, y llegamos a tomar conciencia de cosas que se nos revelan en esos estados, ¿porqué si el ayuno puede provocar efectos similares de una manera totalmente natural no recurrimos a él para “ver” ciertas cosas con más claridad? Sobre todo porque los efectos secundarios son totalmente beneficiosos para nuestra salud.

¿Me pregunto si no será que el tipo de alimentación, por la cantidad y el exceso en el que caemos (dado el placer que en muchos casos comporta), junto con la manipulación a la que muchos de los alimentos que tomamos se han sometido, no nos hacen caer en un estado de aletargamiento, de somnoliencia cognoscitiva, de estupidez incluso, buscada o provocada inconscientemente por esta sociedad con la finalidad de que no descubramos realidades más elevadas, más trascendentes que nos harían actuar en este planeta de manera más diferente y positiva?

Ya hay bastante escrito sobre el hecho de la manipulación genética a la que se someten muchos alimentos cultivados hasta ahora libremente en nuestro planeta, (al igual que el control cada vez mayor sobre plantas medicinales y remedios naturales) por la gran industria farmacéutica, con la única finalidad de “controlar” lo que por otra parte es patrimonio exclusivo de la humanidad, tratando de justificar este hecho con argumentos tales como la carencia de recursos o la mejora de determinadas sustancias o productos, cuando en realidad lo único que se busca es el control de los recursos naturales por las grandes corporaciones poseedoras de los negocios más lucrativos, es decir, el negocio de la “alimentación” y de los “productos farmacéuticos”, los cuales tienen que ver directamente con nuestra salud (dejando eso sí el otro gran negocio que es el armamentístico).

Curioso que quienes poseen el gran poder económico sean los que tienen el control de la vida (salud) y la muerte. Me horroriza pensar que seamos tan fácilmente manipulables en este sentido.

Y ante esta realidad es cuando le encuentro sentido al ayuno, a la privación voluntaria durante unos días de alimentos. No sólo por el hecho de controlar el peso o la eliminación de toxinas, sino por la toma de conciencia de que puedo controlar mis impulsos más naturales, como son los de comer, y dedicar en esos días un tiempo a la reflexión y a considerar el hecho de que la única forma de luchar contra lo que no nos gusta es a través de la transformación individual, el autocontrol de nuestros más primarios impulsos, para sentir que tenemos la capacidad de regir, con nuestra mente, alma y espíritu, nuestro propio destino, más allá de lo que se nos sugiere o a lo que se nos condiciona por mecanismos manipuladores de los que apenas somos conscientes.

Y haciendo esto, además, contribuimos a una utilización más discreta y racional de los recursos alimenticios de nuestro planeta. Porque es indignante para esta humanidad pensar que haya hambre y sed en nuestro planeta cuando se derrochan tantos recursos por no administrarlos correctamente.

Sé que volveré, como otras veces he hecho después del ayuno, a comer y disfrutar de uno de mis grandes placeres, que es la comida. Pero también sé, porque lo he hecho otras veces, que volveré a ayunar para tomar conciencia de mi realidad y sentir que sigo teniendo el control de mi vida a través de controlar qué y cuando comer. Y, por supuesto, qué pensar y hacer. Y esto me hace sentirme afortunado y agradecido. Y comprometido para ayudar a quienes no tienen esta posibilidad porque no pueden o se les niega. Y dispuesto a contribuir a mejorar desde mi posición esta realidad, al igual que os invito a que lo hagáis desde la vuestra. Y os regalo unas breves frases sobre el ayuno:

“Comer hasta enfermar y ayunar hasta sanar” (Refrán popular).

“El ayuno es el primer principio de la medicina” (Rumi).

“Ayuno para mejorar mi eficiencia física y mental” (Platón)

“Las mejores medicinas son el descanso y el ayuno”. (B. Franklin)

Con gratitud

Tomás Contell

¿Y SI ME PREGUNTO QUIÉN SOY YO?

800px-Rodin,_El_Pensador-2¿Quién soy yo si dejo de hacer las cosas que siempre he hecho? ¿Quién soy yo si no puedo hacer cuanto hasta ahora he hecho y ha llenado mi tiempo y mi vida? ¿Quién soy yo si ya no puedo hacer lo que quería y me hacía feliz? ¿Quién soy yo si me han desposeído de cuanto tenía y lo he perdido todo? ¿Quién soy yo si el trabajo que tenía lo he perdido, si la familia que tenía se ha deshecho? ¿Quién soy yo si la persona en quien me apoyaba ya no está?

Estas y otras preguntas seguro que nos las habremos planteado en algún momento de nuestra vida. La respuesta sincera no es fácil de obtener y mucho menos de aceptar lo que la misma lleva consigo. Pero pronto o tarde nos tenemos que enfrentar a ellas y darnos una respuesta que nos satisfaga, que nos permita seguir viviendo con la misma fuerza e ilusión que teníamos cuando esas preguntas no formaban parte de nuestro catálogo.

Me pregunto cuántas personas consideradas de éxito por los resultados que han obtenido en su vida se han tenido que enfrentar a estas preguntas y han sentido un vacío terrible, una sensación de angustia que les ha recorrido todo el cuerpo cuando han sentido que su vida ha discurrido sin apenas darse cuenta de que estaban representando un papel que en el fondo no era el suyo, sino que sólo respondía a algo que les había venido dado o impuesto y que nunca se habían planteado.

Cuando la vida te golpea de forma que tienes que responder a estas preguntas estás más preparado para encontrar la respuesta que te permita hacer frente a lo que la vida te pueda presentar con una actitud totalmente diferente, más abierta, más comprensiva, mas tolerante, más flexible, más solidaria, más “amorosa” me atrevería a decir.

No siempre la vida nos ofrece segundas oportunidades para replantearnos si el camino que hemos seguido hasta el momento presente ha sido el más acertado o no y cambiar de rumbo. Pero, cuando por circunstancias diversas se nos presenta esta oportunidad, tampoco todo el mundo está preparado para entender en clave positiva lo que le está ocurriendo.

Reflexiono sobre este tema cuando veo a personas cercanas, muy queridas, totalmente volcadas a aquello que les hace felices, que les da sentido a su vida, que les da la fuerza para seguir día a día implicándose en nuevos temas, en nuevos retos para alcanzar nuevas metas que les haga sentir que su vida tiene un sentido. La pregunta que me hago es ¿y si todo eso desapareciera, cuál sería el sentido de su vida? Porque en cualquier momento puede cambiar todo y lo que no debería ser es que la vida dejara de tener sentido.

No está de más plantearnos si todo cuanto hacemos es lo que da sentido a nuestra vida o nuestra vida tiene un sentido más allá de cuanto hacemos. Se dice que el sentido de la vida es una vida con sentido. Pues esa es la clave, saber si nuestra vida seguiría teniendo sentido si todo cuanto ahora hacemos sin plantearnos estas cuestiones dejáramos de hacerlo por alguna razón.

Sé que no es fácil plantearse estas cosas sobre todo cuando todo nos está yendo bien. Pero siempre digo que hay que tener un plan “B” para cuando las cosas no van tan bien. Por lo tanto, ¿Cuál es el plan “B” de quienes ponen el sentido de su vida en una dirección y no se preparan para lo que podría venirles si la dirección cambiase?

Casi siempre actuamos en la vida desde una posición de comodidad, de conveniencia, basándonos en la ley del mínimo esfuerzo, en no cambiar si no es estrictamente necesario, en no someter a las personas de nuestro entorno más queridas a la prueba de un cambio del que ni nosotros mismos estamos seguros de sus resultados. Y no nos damos cuenta que nuestra actitud de comodidad es la que puede sembrar, en esas mismas personas queridas, la semilla del desconcierto, el desánimo, la desilusión y la pérdida de la llama que en su día les inflamó de pasión e ilusión por todo.

Parece que estos dos enfoques, el de saber quién soy yo más allá de lo que hago o represento y el de la comodidad por seguir haciendo lo que me permite estar tranquilo y seguro fuesen dos enfoques que poco tienen que ver el uno con el otro. Pero si bien nos fijamos van intrínsecamente unidos. Porque cuando pienso que soy mucho más de lo que represento y hago, no tengo miedo a perder mi situación de privilegio y me siento dispuesto a abordar nuevos horizontes desde una perspectiva de incertidumbre, pero de ilusión.

Para todos aquellos que leéis entre estas líneas más allá de lo que realmente expreso, para quienes pensáis que me dirijo a vosotr@s por alguna razón, para los que estáis buscando alternativas a una situación que no os satisface, para quienes lo habéis perdido casi todo en esta vida, para quienes no tenéis fuerzas para empezar de nuevo, para quienes os habéis desorientado y no encontráis el sentido en vuestras vidas, os diré que no temáis, que todo irá bien, que todo ha ocurrido por algo y para algo, que pronto descubriréis el porqué de cuanto os ha pasado y que lo que vendrá será seguro para vuestro bien. Sobre todo si así lo creéis. Creed con firmeza y todo os será concedido. Y no os preocupéis por lo que aparentemente perdemos o dejamos en el camino atrás. Todo tiene su precio en esta vida. Y pagamos por lo que hacemos y por lo que dejamos de hacer. Y nada se nos es dado por casualidad, como nada se nos es quitado por la misma razón. Todo obedece a la ley de causa y efecto.

Con gratitud

Tomás Contell

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