DE LIMPIEZA DE RECUERDOS

la fotoLos recuerdos acumulados a lo largo de mi vida ocupan un espacio en mi mente que nada tiene que ver con los correspondientes recuerdos “físicos” que muchos de ellos han generado. Reconozco que mis recuerdos mentales ocupan muy poco y a penas necesito desprenderme de ellos. Sólo de muy pocos. Estos recuerdos se activan a voluntad motivados por algún sonido, olor, visión o sensación que surge de manera imprevista en muchas ocasiones. Y no requieren de un almacenamiento que me impida acumular otros recuerdos nuevos.

Pero he llegado a un punto donde, el almacenamiento de muchos elementos que van ligados a las experiencias vividas, me generan tal grado de desajuste en mi equilibrio emocional, tal sensación de desorganización, tal sensación de peso por lo acumulado que he decidido empezar a desprenderme de muchas cosas.

Imagino que entenderéis que hablo de todas esas cosas que vamos reuniendo a lo largo de nuestras vidas: ropa, libros, muebles, “detallitos”, figuras, fotos, cuadros, cartas, apuntes de la Universidad, documentos de trabajos anteriores, facturas, recibos, tarjetas de visita, aparatos electrónicos, móviles viejos, cargadores sin objetos para cargar, enciclopedias, revistas coleccionables, cables, herramientas y …. un sin fin de objetos inenarrables. Puede que agobie la lista anterior, pero sólo representa la descripción de las cosas que vienen a mi mente de las que tengo por casa dando vueltas desde hace tiempo.

Y es que, lo reconozco, me cuesta deshacerme de las cosas. Pienso que todo tendrá alguna utilidad en alguna ocasión. Pero hoy he decidido, al escribir estas líneas, hacer terapia no sólo con lo que escribo, sino con la limpieza que voy a iniciar. ¿La razón? Pues que lo acumulado me quita energía, me resta concentración para lo realmente importante y, vista la ocasional satisfacción que genera el breve momento ligado al recuerdo que se estimula con la contemplación del objeto que tengo delante, observo que no me compensa de los problemas que me genera.

Liberación, limpieza, espacio, pulcritud, sencillez, focalización en lo importante y valioso son algunas de las muchas cosas que quiero encontrar después de limpiar mi espacio físico. Y empiezo por pensar que aquellas cosas que realmente no he visto ni consultado en los 2 últimos años no merecen ser conservadas. Hay quien dice que lo que en 6 meses no has tenido necesidad de consultar ya no merece que ocupe un espacio vital cercano a ti. Bueno, el problema es si los acumulamos en un segundo espacio, no tan vital, a la espera de comprobar que pasados no 2, sino más años, siguen sin ser vistos ni consultados y los seguimos conservando.

De verdad no es fácil deshacerse de “cosas” que jugaron en su momento un papel especial. Pero me he dicho a mí mismo que lo especial no son las cosas, sino las vivencias que hemos tenido, las experiencias que hemos acumulado, las sensaciones que hemos grabado en lo más profundo de nuestro interior. Porque cuando nos llegue el último momento de nuestra vida y hagamos repaso de cuanto nos ha acontecido, no serán las “cosas” las que captarán nuestra atención, sino los recuerdos que hemos creado en nuestro caminar por la vida. Y esos recuerdos cuanto más hermosos son, cuanto más nos enorgullecen, cuanto más nos hacen sentirnos felices, menos necesitan de objetos materiales que los sustenten.

Hoy hice una importante limpieza de muchas cosas que había acumulado. Y entre ellas algunas que fueron valoradas por mis padres. Pero si a ellos nos les importó dejarlas al marcharse, menos me va a importar a mí hacerlas desaparecer. Porque no son las “cosas” las que nos recuerdan lo vivido, sino las emociones que generaron las vivencias que en su momento tuvimos. Y esas siempre irán con nosotros si las sabemos traer a nuestro presente para revivirlas y agradecer lo que nos enseñaron en la vida.

A mis hijos les digo que lo importante en la vida es crear cada día experiencias maravillosas que te permitan sentir que cada momento vale la pena ser vivido. Y luego disfrutar con el recuerdo y con el convencimiento de que siempre tendremos nuevas oportunidades para crear nuevos y maravillosos recuerdos.
Con gratitud

Tomás Contell

DE VIVENCIAS CON MIS HIJOS…


Siempre he dicho que lo mejor que podemos hacer en esta vida es crear buenos momentos, vivirlos intensamente cuando los estamos experimentando y generar así recuerdos imborrables que nos permitan sentir que nuestra vida ha valido la pena vivirla. Porque al final de nuestros días, cuando tengamos que hacer repaso de lo que hemos hecho y el para qué lo hemos hecho, tendremos la absoluta certeza de que todo fue para nuestro bien último y que todo cuanto hicimos buscaba el hacernos sentir el bienestar y la felicidad. Aceptando que, en no pocas ocasiones, lo que llegaba a nuestra vida fuese negativo o malo.

Bronchales2-2014Ayer regresé de pasar unos días con mis 3 hijos, Cristina, Fran y Filipp. Les pedí a cada uno de ellos que quería que compartiéramos unos días de acampada, de excursiones, de vivencias, de charlas, juegos y tiempo sin prisas, de sentir que lo más importante era simplemente “estar” juntos, vivir juntos momentos que nos permitieran conocernos mejor y reconocernos con los nuevos cambios que cada uno de nosotros vamos experimentando.

A veces no nos damos cuenta de que el tiempo pasa, de que tanto nosotros como nuestros hijos cambiamos y, si no nos damos un respiro para tomar conciencia de ello, de nuestra nueva realidad y buscamos un renovado conocimiento y comprensión de cómo va pasando nuestra vida, de el por qué y el para qué de cada una de las decisiones que vamos tomando, de sus aciertos y errores, nos perdemos lo más valioso e importante que hemos venido a experimentar.

Bronchales3-2014Han sido 6 días y 5 noches en un lugar precioso, lleno de recuerdos que he ido acumulando desde mi infancia, adolescencia y madurez: Bronchales, en pleno Montes Universales de Aragón, en el camping Las Corralizas, a más de 1.700 metros de altitud. En la foto de la izquierda estamos en Sierra Alta, a 1.856 metros de altitud.

Podría decir que lo de menos es el lugar. Pero no es así. Encontrar un sitio donde la grandiosidad de la naturaleza, sus aguas, su clima y su tranquilidad te transportan a un mundo donde sientes que lo importante eres tú y sentirte en armonía con tu entorno, ha ayudado mucho a nuestro propósito.

Y lo hemos logrado. No había más objetivo que el de compartir, convivir, conocernos y reconocernos un poco más. Todo cuanto ocurrió, bueno y no tan bueno, contribuyó a ello. Ahora quedan en nuestra memoria imágenes, recuerdos, vivencias que hemos de procesar e integrar en nuestro “yo” más profundo. Y valorar lo que hemos experimentado.

Yo sólo puedo decir, siguiendo las palabras de aquella canción que cantaba Alberto Cortez “gracias a la vida que me ha dado tanto…”  Y dejar para el recuerdo y estimulación de vuestra imaginación, algunas fotos de los buenos momentos compartidos.

Bronchales1-2014Hoy mi gratitud va dirigida a mis hijos y a sus respectivas madres por haberme hecho tan feliz al tenerlos en mi vida.

Amor y gratitud por siempre.

Tomás Contell

 

 

 

IN MEMORIAM DE FERNANDO MORENO

19118_fotoAyer recibí la noticia de que Fernando Moreno, maestro en numerosos y valiosos aprendizajes, autor del prólogo de mi primer libro, buscador incansable de la esencia de la vida, formador y estimulador de emprendedores como nunca antes había conocido, negociador creativo y rompedor de esquemas tradicionales, dejó su cuerpo terrenal y ascendió a una nueva dimensión.

El final de este proceso de transformación no fue fácil, porque luchaba sin luchar (como solía decir recordando a Bruce Lee a quien tanto admiraba) y buscaba sin encontrar la sanación para volver a fluir como una nueva persona capaz de seguir ofreciéndonos lo mejor de sus vivencias y aprendizajes.

Enseñaba desde el corazón, desde su propia experiencia, desde lo más profundo de la coherencia que tienen los maestros que enseñan lo que son más que lo que conocen. Enseñan lo que saben como resultado de sus profundas reflexiones sobre sus experiencias. Y las de Fernando eran muchas y valiosas.

Nos ha dejado desde el silencio de su lucha personal y solitaria. No quería que en ese proceso le distrajeran llamadas ni escritos que le pudieran recordar su mal estado de salud. Porque él veía esa situación como una oportunidad más. Como seguramente la más grande a la que se enfrentaba, convencido de que si la superaba se convertiría en un nuevo ser para quien ya había elegido su nuevo nombre “Flowman”. El ser que fluye en este planeta sintiéndose parte de un Universo en continuo cambio y transformación y conectando con las fuerzas que siempre han estado ahí para dirigirlas hacia el desarrollo personal de él mismo y de los demás.

No le movía un espíritu doctrinario, ni siquiera docente. Lo suyo no era vocación de enseñar como decía, ni crear escuela. Pero el destino le llevaba inexorablemente a mostrar lo aprendido en su caminar y a ser querido y valorado por ello. Cosas del destino.

Y fue mucho lo que pudimos aprender los que compartimos con él lo que nos enseñó a través del Business Game, su instrumento creado para formar emprendedores que resultó una de sus grandes aportaciones al mundo del emprendimiento y desarrollo empresarial, junto con su “in-fluir” para mostrarnos una nueva forma de negociar, así como los ejercicios matinales siguiendo los puntos cardinales de la rosa de los vientos que realizaban los emperadores chinos para fomentar actitudes mentales “clave” para su crecimiento personal.

Sé que nos hemos perdido lo que el nuevo “Flowman” nos podría haber dado. Pero no me cabe la menor duda de que su energía espiritual, su “alma”, su parte inmortal volverá a estar con la humanidad desde una nueva encarnación, enriqueciendo y contribuyendo a mejorarla como ha hecho en esta encarnación bajo el nombre de Fernando Moreno.

Pero como él mismo decía, se sentía mucho más que lo que su nombre representaba. Era como que se le quedaba corta su envoltura corporal y buscaba “fluir” desde una nueva dimensión. Ahora, maestro, estarás descubriendo lo que muchos de nosotros deseamos conocer y que tendremos que esperar a nuestro momento. Ahora, o cuando sea, tendrás una nueva oportunidad de seguir fluyendo y dándonos lo mejor de tu nueva dimensión ascendida. Y, mientras tanto, seguiremos practicando y recordando cuanto en esta vida tuya, como Fernando Moreno, nos has enseñado.

Gracias maestro.

Tu alumno que siempre te recordará

Tomás Contell

COMPARTIR CON LA RED SOSTENIBLE Y CREATIVA

75940_818334914858160_7383139117040528667_nEl sábado pasado 5 de julio fue un día que dediqué a descubrir, compartir y disfrutar. La Red sostenible y creativa organizó en el viejo cauce del río Turia su primer mercadillo solidario donde cada persona que colabora con la Red o desea libremente adherirse a su filosofía y actividades, podía incorporarse y participar.

Me propuse una vez más (ya lo había hecho en una anterior ocasión con motivo  de la celebración del primer encuentro “Educando para una nueva realidad” celebrado el pasado 29 de marzo) compartir mis canciones con los asistentes y disfrutar de su compañía y generosidad.

Lo primero que me sorprendió fue descubrir, en un espacio tan cercano al bullicio de la ciudad de Valencia, a su continuo fluir de coches y personas que visitan nuestra ciudad en estas fechas y quienes suelen bajar al río a practicar numerosas actividades deportivas, un lugar verde, tranquilo, rodeado de árboles de diferentes procedencias, con la frescura de un sombraje que invitaba al reposo y la contemplación.

Tenía que tomar conciencia de vez en cuando de que estaba en pleno corazón de la ciudad de Valencia y no dejaba de sorprenderme de cómo es posible que tantas personas puedan hacer su vida al margen de lo que un pequeño espacio de la naturaleza puede estar brindándoles allí.

Suele ocurrir en nuestras vidas que lo mejor que tenemos es gratis y está fácilmente a nuestra alcance, pero ni nos damos cuenta de ello ni, en la mayoría de los casos, lo valoramos suficientemente. Deberíamos pararnos a pensar en ello y a darnos nuestro tiempo para tomar conciencia de esa realidad. Seguro que viviríamos más relajados y felices.

Pues este espacio lleno de energía y belleza fue llenándose con la sencillez, la humildad, la generosa complicidad de quienes decidieron compartir sus dones, sus habilidades, su saber hacer en diferentes áreas de la vida. Se nos mostraba cómo hacer el pan de los exentos; a “empoderarnos” para acometer cualquier reto en nuestras vidas; a cuidar y mejorar nuestra salud; a disfrutar de un buen masaje ayurbédico; a conocer los secretos que ocultan las cartas de los animales; a aprender yoga; a escuchar los consejos de un coach; a comprar o intercambiar objetos hechos a mano, etc.

Y allí, en torno a la sombre del Ombú (también llamado Bellasombra, árbol procedente de Sudamérica que suele ser muy longevo si bien no se puede predecir su edad debido a la carencia en el tronco de los anillos anuales de crecimiento) y los demás árboles mediterráneos que le acompañan, fuimos disfrutando de cuanto cada uno de los asistentes quiso regalar a los demás.

Lo más valioso, como siempre, la sonrisa, el cariño, los abrazos, los aplausos y la gratitud de quienes desde el corazón, no tienen más deseos que sentir que lo mejor de la vida ya está en cada uno de nosotros y es gratis. Descubrirlo ya depende de cada uno, de su viaje interior, de su proceso de autodescubrimiento, de las experiencias de su vida y del aprendizaje que hace de ellas.

No se puede decir a quien no puede ver, que vea lo que hay a su alrededor; o a quien no oye que escuche las voces o los sonidos de cuanto le rodea. Decía Jesucristo que “quien tenga ojos para ver que vea y quien tenga oídos para oir que oiga”. Todos tenemos ojos y oídos, pero no todos sabemos utilizarlos correctamente para ver la realidad de la vida y escuchar y recibir en nuestro corazón las verdades que se nos manifiestan. Pero todos estamos llamados a utilizarlos adecuadamente para descubrir lo que se nos está revelando continuamente.

A veces rechazamos salir de nuestra zona de confort y adentrarnos en experiencias nuevas por el miedo al qué dirán los demás, a que nos cataloguen de una u otra forma, a descubrir algo que pueda tambalear nuestras creencias profundas (aunque éstas ya no nos estén sirviendo para ser felices). Estamos demasiado acostumbrados a juzgar, a criticar, a interpretar lo que los demás hacen o dicen y nos olvidamos de simplemente “sentir”, relajarnos y disfrutar de lo bueno que cada uno pueda aportar y agradecer sin más todo lo que el Universo, en su inmensidad y complejidad pone a nuestro alcance para que podamos enriquecernos y enriquecer con ello a los demás.

Para mí fue una experiencia gratificante cantar algunas de mis canciones en un escenario tan precioso como sencillo, natural y grandioso a la vez. Recordaba mi etapa como scout cuando bajo la luz de la luna y de la hoguera (que entonces sí podíamos hacer en nuestras acampadas) cantábamos nuestras canciones que nos hacían revivir nuestras experiencias y soñar con un mundo donde la solidaridad, el compañerismo, la honradez, la sencillez, la superación, la valentía y el respeto por la naturaleza y el ser humano se conviertan en el pan nuestro de cada día.

Gracias a la Red Sostenible y Creativa por haberme dado esta vivencia.

Con gratitud

Tomás Contell

 

ESA PARTE DE MÍ QUE NO ME GUSTA…

doble-personalidadQueridos amig@s:
A veces andamos metidos en tantas cosas que no nos paramos a pensar si realmente estamos haciendo lo que verdaderamente nos gusta. Y si, por alguna razón nos lo preguntamos un momento, para no perder mucho el tiempo en esa cuestión entrando en profundidades, nos damos prisa en respondernos que por supuesto que sí que hacemos lo que nos gusta.
Pero la realidad es que si no nos sentimos plenamente (subrayo plenamente) satisfechos con lo que hacemos y sus resultados, es que algo no anda bien. Pero es tanto el miedo que tenemos a descubrir que el paso siguiente a ese planteamiento va a ser que nos sentiremos abocados a tener que cambiar cosas, que decidimos aceptar “barco como animal acuático”.
Esto que digo es aplicable a muchos aspectos de nuestra vida: el trabajo, las relaciones de pareja, las relaciones con nuestros hijos, algo de nuestro físico que no aceptamos, algunas costumbres que sabemos deberíamos evitar, amistades que no nos convienen, hábitos que deberíamos cambiar, aptitudes que nos gustaría poseer, etc.
Al final nos damos cuenta que hay cosas en nuestra vida que deberíamos cambiar y de las que somos conscientes, pero que acabamos postergando para otra ocasión en la que pensamos nos surgirá una mayor motivación para llevar a cabo ese cambio. O simplemente nos decimos, como en la fábula de la zorra y las uvas, que no es tan atractivo y poderoso ese “sueño” u objeto deseado y lo abandonamos hasta con desprecio justificando que no vale la pena nuestro esfuerzo por alcanzarlo.
Incluso lo hacemos a pesar de que la realidad que se nos presenta día a día como alternativa a luchar por ese sueño no nos sea nada satisfactoria. Pero preferimos “autoengañarnos” a hacer frente al hecho de que lo que vivimos bien merece la pena dejarlo atrás.
Y nos decimos que no es tan malo lo que tenemos, que hay otros que están peor, que más vale malo conocido que bueno por conocer, que tenemos que quitarnos esa idea de que todos estamos llamados a ser felices porque algunos vienen a este mundo a padecer, que esto es un valle de lágrimas, que así nos ganamos el cielo, que algún@s estamos destinados a sufrir por los demás, etc.
Entiendo bien cuando alguien me hace estas justificaciones. Me veo reflejado en ellos y recuerdo cómo yo también las utilizaba. Ha sido tan arraigada la creencia cristiana en mí del sufrimiento y muerte en la cruz de Jesucristo que pensaba que ese era el verdadero camino de todo aquél que quisiera ser como Él.
Pero lo que he descubierto con el tiempo (y la introspección, con el análisis que ello comporta) que esa imagen de Jesús que había aceptado no era la que mejor me iba a ayudar al cambio ni la que me aportaría la fuerza necesaria para mejorar. Porque esa actitud de “conformismo” me impedía salir del estado en el que me encontraba y superarme.
Si todos estamos llamados a la dignidad de “hijos de Dios”, a ser como Jesús, a denunciar la injusticia, a romper con la hipocresía, la mentira y la insolidaridad, a ser honestos, transparentes, luchadores por ayudar a quienes más lo necesitan: niños, enfermos, ancianos, desfavorecidos, desprotegidos por la ley, abandonados por la sociedad, los pobres los menesterosos, los proscritos… ¿qué hacemos en esa dirección? ¿qué actitud es la que debemos adoptar? ¿La de víctimas, conformistas y autojustificadores de nuestro inmovilismo? ¿O la de luchadores como Jesús que hasta llegó a coger el látigo para expulsar a los mercaderes del templo?
Me ha venido a la mente la figura de Jesús porque es quien más ha ocupado mi mente y mi corazón a lo largo de mi vida. Pero ya no veo a Jesús en la cruz como ser derrotado por la injusticia, sino como ejemplo de coherencia y aceptación de su destino hasta las últimas consecuencias. Como cuando Sócrates tuvo que tomar la cicuta y aceptar su muerte en vez de liberarse de su condena, mostrando así en un último gesto a sus discípulos la coherencia de sus principios aunque le llevasen hasta la muerte. Y como ellos muchos más ejemplos que podría mencionar.
¿Por qué no nos “venden” desde niños la idea de la grandeza de las personas que no se resignan a aceptar las cosas como son y luchan por cambiar en ellos y en el entorno en el que viven las cosas para hacerlas mejor? ¿Por qué cuando nuestros hijos nos muestran su actitud rebelde ante lo que no les gusta no lo valoramos como algo positivo animándoles a que sigan con honestidad ese impulso y lo canalicen para superarse y mejorar?
Quienes han vivido en sus carnes la influencia negativa de creencias limitantes, de mensajes negativos y autodestructivos, quienes reconocen su falta de “motivación” para cambiar lo que no les gusta de la educación recibida y de la vida que están llevando, deben admitir que no es tarde para dejar atrás lo que ya no sirve. Lo que ya no nos hace felices.
Porque la vida la podemos construir cada día con nuestros pensamientos, emociones y acciones. Porque nunca es tarde para eliminar de nuestro SER “esa parte de mí que no me gusta” . Y descubrir la verdadera libertad. Y actuar en consecuencia y coherencia.
Con gratitud

Tomás Contell

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