¿Y SI ME PREGUNTO QUIÉN SOY YO?

800px-Rodin,_El_Pensador-2¿Quién soy yo si dejo de hacer las cosas que siempre he hecho? ¿Quién soy yo si no puedo hacer cuanto hasta ahora he hecho y ha llenado mi tiempo y mi vida? ¿Quién soy yo si ya no puedo hacer lo que quería y me hacía feliz? ¿Quién soy yo si me han desposeído de cuanto tenía y lo he perdido todo? ¿Quién soy yo si el trabajo que tenía lo he perdido, si la familia que tenía se ha deshecho? ¿Quién soy yo si la persona en quien me apoyaba ya no está?

Estas y otras preguntas seguro que nos las habremos planteado en algún momento de nuestra vida. La respuesta sincera no es fácil de obtener y mucho menos de aceptar lo que la misma lleva consigo. Pero pronto o tarde nos tenemos que enfrentar a ellas y darnos una respuesta que nos satisfaga, que nos permita seguir viviendo con la misma fuerza e ilusión que teníamos cuando esas preguntas no formaban parte de nuestro catálogo.

Me pregunto cuántas personas consideradas de éxito por los resultados que han obtenido en su vida se han tenido que enfrentar a estas preguntas y han sentido un vacío terrible, una sensación de angustia que les ha recorrido todo el cuerpo cuando han sentido que su vida ha discurrido sin apenas darse cuenta de que estaban representando un papel que en el fondo no era el suyo, sino que sólo respondía a algo que les había venido dado o impuesto y que nunca se habían planteado.

Cuando la vida te golpea de forma que tienes que responder a estas preguntas estás más preparado para encontrar la respuesta que te permita hacer frente a lo que la vida te pueda presentar con una actitud totalmente diferente, más abierta, más comprensiva, mas tolerante, más flexible, más solidaria, más “amorosa” me atrevería a decir.

No siempre la vida nos ofrece segundas oportunidades para replantearnos si el camino que hemos seguido hasta el momento presente ha sido el más acertado o no y cambiar de rumbo. Pero, cuando por circunstancias diversas se nos presenta esta oportunidad, tampoco todo el mundo está preparado para entender en clave positiva lo que le está ocurriendo.

Reflexiono sobre este tema cuando veo a personas cercanas, muy queridas, totalmente volcadas a aquello que les hace felices, que les da sentido a su vida, que les da la fuerza para seguir día a día implicándose en nuevos temas, en nuevos retos para alcanzar nuevas metas que les haga sentir que su vida tiene un sentido. La pregunta que me hago es ¿y si todo eso desapareciera, cuál sería el sentido de su vida? Porque en cualquier momento puede cambiar todo y lo que no debería ser es que la vida dejara de tener sentido.

No está de más plantearnos si todo cuanto hacemos es lo que da sentido a nuestra vida o nuestra vida tiene un sentido más allá de cuanto hacemos. Se dice que el sentido de la vida es una vida con sentido. Pues esa es la clave, saber si nuestra vida seguiría teniendo sentido si todo cuanto ahora hacemos sin plantearnos estas cuestiones dejáramos de hacerlo por alguna razón.

Sé que no es fácil plantearse estas cosas sobre todo cuando todo nos está yendo bien. Pero siempre digo que hay que tener un plan “B” para cuando las cosas no van tan bien. Por lo tanto, ¿Cuál es el plan “B” de quienes ponen el sentido de su vida en una dirección y no se preparan para lo que podría venirles si la dirección cambiase?

Casi siempre actuamos en la vida desde una posición de comodidad, de conveniencia, basándonos en la ley del mínimo esfuerzo, en no cambiar si no es estrictamente necesario, en no someter a las personas de nuestro entorno más queridas a la prueba de un cambio del que ni nosotros mismos estamos seguros de sus resultados. Y no nos damos cuenta que nuestra actitud de comodidad es la que puede sembrar, en esas mismas personas queridas, la semilla del desconcierto, el desánimo, la desilusión y la pérdida de la llama que en su día les inflamó de pasión e ilusión por todo.

Parece que estos dos enfoques, el de saber quién soy yo más allá de lo que hago o represento y el de la comodidad por seguir haciendo lo que me permite estar tranquilo y seguro fuesen dos enfoques que poco tienen que ver el uno con el otro. Pero si bien nos fijamos van intrínsecamente unidos. Porque cuando pienso que soy mucho más de lo que represento y hago, no tengo miedo a perder mi situación de privilegio y me siento dispuesto a abordar nuevos horizontes desde una perspectiva de incertidumbre, pero de ilusión.

Para todos aquellos que leéis entre estas líneas más allá de lo que realmente expreso, para quienes pensáis que me dirijo a vosotr@s por alguna razón, para los que estáis buscando alternativas a una situación que no os satisface, para quienes lo habéis perdido casi todo en esta vida, para quienes no tenéis fuerzas para empezar de nuevo, para quienes os habéis desorientado y no encontráis el sentido en vuestras vidas, os diré que no temáis, que todo irá bien, que todo ha ocurrido por algo y para algo, que pronto descubriréis el porqué de cuanto os ha pasado y que lo que vendrá será seguro para vuestro bien. Sobre todo si así lo creéis. Creed con firmeza y todo os será concedido. Y no os preocupéis por lo que aparentemente perdemos o dejamos en el camino atrás. Todo tiene su precio en esta vida. Y pagamos por lo que hacemos y por lo que dejamos de hacer. Y nada se nos es dado por casualidad, como nada se nos es quitado por la misma razón. Todo obedece a la ley de causa y efecto.

Con gratitud

Tomás Contell

Smiley face
* Campos obligatorios